Comentario al Evangelio del

Enrique Martinez cmf

 

A PEDRADAS CON DIOS

 


 

         ¡Es una pena! Este "diálogo" (probablemente no sea la palabra más apropiada) que viene teniendo lugar entre Jesús y «los judíos», en el Evangelio de los últimos días. Este grupo se siente en la obligación de «defender» a Dios, atacando cualquier sombra que pudiera alterar el «orden establecido». Están bien informados y formados en las costumbres religiosas tradicionales y -para ellos- indiscutibles e inalterables, conocen bien todas las normas que definen lo que es un «buen judío», y que son el reflejo de su «idea» de Dios. Es un Dios de normas, de obligaciones, un Dios de la Ley, al que se responde por su elección siendo fieles a los múltiples preceptos en que hay ido cuajando la Ley deMoisés. Ese esquema mental es tan rígido,y les da tanta seguridad, que no son capaces de «dialogar» con el que es distinto, el que piensa distinto...

         Da igual su coherencia personal, su acción en favor de los más débiles, sus milagros y curaciones... Lo que importa es la «observancia» y la «obediencia» a las autoridades, el templo, el sábado, la liturgia, la impureza... Se han olvidado del Dios que se reveló a Moisés escuchando el sufrimiento y la esclavitud de su pueblo, del Dios libertador y de la libertad, del Dios de la misericordia y la justicia, hasta el punto de haber convertido la relación con Dios en una verdadera esclavitud, en una prisión, donde el hombre es víctima de la Religión. Y no es una exageración: Los que defienden la religión y a Dios, tal como ellos lo entienden, quieren apedrear al Hijo de Dios. No lo consiguen hoy, pero van a sentenciar a muerte al Hijo de Dios, en el nombre de Dios, ayudados por la Ley de Dios y para defender la religión de Dios. 

 

             Aceptar que las cosas pudieran ser de otro modo, habría significado que ellos perdieran el poder y la influencia adquirida; habría significado que todo el tinglado religioso que tenían montado en torno al templo, estaba desvirtuado (una cueva de ladrones, que dijo Jesús); habría supuesto reconocer que a Dios no se le «compra» con ritos, sacrificios y cumplimientos legales; habría significado reconvertir todas las normas religiosas que se ponían por encima del hombre (el hombre es señor del Sábado); habría significado tirar todas las piedras de las manos (las mismas piedras con las que pretendían cargarse a la adúltera) y dejar de juzgar, condenar y eliminar al pecador, por mucho que lo sea, si eso significa que el adúltero o el blasfemo se «curan» quitándolos de en medio. 

           Así nos encontramos a Dios (al Hijo de Dios) queriéndonos subir a lo más alto: «Sois dioses», podemos ser uno con el Padre, somos morada del Espíritu... y a unos judíos poniendo etiquetas de «blasfemo», «pecadora», «adúltera», «impuro», etc en el nombre de Dios (¿no será que realmente no están hablando del mismo Dios?)

         Un serio toque de atención percibo en todo esto, porque nuestra historia pasada y presente no está exenta de errores (tampoco es la palabra más apropiada) similares, de actitudes similares, de fanatismos similares. Seguramente hoy nos lamentamos de lo que hizo aquel grupo de judíos con Jesús, por ser Jesús quien era. Lamentemos con la misma fuerza cada vez que nuestras ideas, esquemas mentales, tradiciones y demás.... nos incapacitan para reconocer las obras buenas de otros, y nos sentimos con autoridad para juzgar, callar, condenar, excluir... en el nombre del Dios Comunión. Y en mayor medida, en cuanto podamos tener alguna responsabilidad o autoridad dentro de la Comunidad cristiana.

Enrique Martínez, cmf. 

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