Comentario al Evangelio del

Silvia Ugarte

Queridos amigos:

Cuando leo los evangelios muchas veces me he preguntado qué habrá supuesto para los Doce la experiencia de haber vivido con Jesús. Imaginemos por un momento que alguien nos invita a seguirle pero no nos dice muy claro a dónde ni para qué.

Obviamente, no creo que el inicio de la relación Jesús-apóstoles haya sido literalmente como nos lo presentan, ni tampoco su posterior desarrollo, porque no es la intención  de los evangelios hacer una biografía. De cualquier modo, –como toda relación personal- la antes mencionada debe de haber estado marcada por continuas sorpresas y descubrimientos.

El pasaje que se nos narra hoy presenta a Pedro sorprendido por el cumplimiento de las palabras de Jesús (al menos esa es la impresión que tengo al leerlo). La higuera que Jesús ha maldecido se ha secado. Ante la admiración del discípulo, el Maestro contesta: “Tened fe en Dios….” (Mc 11, 22-23).

Tener fe en Dios no significa solucionar problemas por arte de magia o vivir en “estado vegetativo” porque Dios todo lo puede y basta con que le pidamos para que se cumpla. Esto puede parecer contradictorio con las palabras de Jesús -si se toman al pie de la letra- y evidentemente no es eso lo que se pretende comunicar. Más bien, hacer notar que la fe no es remedio de males y/o garantía de bienestar, sino la certeza plena de que Dios supera nuestras expectativas y conceptos. Él nos guía por la vida a buen término, ya que nos ha creado para que seamos felices. A pesar de nuestros desvíos, porque somos seres libres, siempre está su presencia indicando –de algún modo- por dónde seguir en el camino.

La fe ante todo es don; y una vez acogido es relación y, por tanto, proceso. Se vive en diferentes estadios, con avances y retrocesos, con luces y sombras, también con dudas y confrontaciones. Pero ello no significa que sea deficiente o la hayamos perdido; al contrario, es la señal de que vamos abriéndonos al proceso de corresponder con absoluta confianza a dicho don. Por eso nos habla el texto de la oración, del encuentro personal y comunitario con Él. También nos recuerda la necesidad de perdonar, liberarnos de todo aquello que nos impida depositar nuestra confianza en los demás y también en Él.  Además de hacernos ver que la fe se traduce en compromiso de vivir como hermanos.

Pidamos al Señor que nos renueve cada día el don de la fe, “Señor yo creo pero aumenta mi fe”.

Vuestra hermana en la fe,
Silvia Ugarte

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