Comentario al Evangelio del

Juan Lozano, cmf.

 

Querido amigo/a:

Todos hemos tenido guías, personas que con su testimonio y ejemplo nos animaron en el camino de la fe, pues a la fe se accede, entre otros caminos, a través del ejemplo cercano; la fe se visibiliza en modelos, no perfectos pero sí atrayentes, que un día nos inspiraron. Las palabras mueven, los ejemplos arrastran. Hoy el Señor nos advierte de no caer en lo contrario: ser anti testigos, ahuyentar a otros, espantarlos con nuestras malas obras. Jesús no nos pide la perfección, sino la coherencia. Y es muy duro con aquellos que ponen en peligro la fe de los demás, pues es un don tan preciado, que nadie tiene derecho a destruirlo. A nosotros nos toca, ser guías, animar la fe de nuestros hermanos, no poner obstáculos para que duden y pierdan la fe.

¿Por qué nace el escándalo? ¡Cuántos creyentes se han desanimado con la incoherencia de muchos hombres y mujeres de iglesia, con su pecado y, sobretodo, su falta de arrepentimiento, la soberbia con la que siguen adelante! La búsqueda de poder y el egoísmo que busca la satisfacción personal por encima de todo, el ensalzamiento del dios “yo”, están detrás de toda acción escandalosa. Jesús es claro: “…más le valdría que le atasen una piedra de molino al cuello…” Mc 9, 42. Porque estamos llamados a todo lo contrario, a ser sal unos para con otros, a iluminar. Que tus hijos o tus amigos o tu esposo/a, compañero/a, compañeros de trabajo, etc., tengan fe no depende de ti. Pero sí que tú seas para ellos una luz en el camino, una pizca de sal en su vida, aún con tus imperfecciones. Recuerda, no la perfección, sino la coherencia es la que nos conduce a la santidad. Qué buena la recomendación final del Señor en el Evangelio de hoy: “Que no falte entre vosotros la sal, y vivid en paz unos con otros” Mc 9, 50.
 
Vuestro hermano en la fe:
Juan Lozano, cmf.
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