Comentario al Evangelio del

Carlos Latorre, claretiano

 

El milagro de la curación del ciego es como el anticipo de la luz de la fe que se abre paso en el corazón de los discípulos de Jesús. Mientras tanto la gente siegue perpleja y titubeante.

Pedro en nombre de todo el grupo proclama abierta y certeramente la identidad de Jesús: “Tú eres el Mesías, el enviado de Dios”.
 
Estamos en el corazón del evangelio de Marcos. En las páginas anteriores ha ido resonando una y otra vez la pregunta sobre la identidad de Jesús: ¿Quién es este hombre?

Reconocer, por fin, a Jesús como Mesías, suponía reconocerle como el último y definitivo enviado de Dios que había de conducir al pueblo de Israel a la plenitud de la salvación.

Los discípulos se han colocado en el punto de mira correcto, pero la manifestación completa de lo que entraña la Persona misma de Jesús, Hijo de Dios y Mesías, sólo se desvelará totalmente al pie de la cruz. Y quien sea capaz de reconocer al crucificado como Hijo de Dios habrá encontrado la fe verdadera, a la que Marcos quiere llevar a los lectores de su evangelio: “Y el centurión romano que estaba frente a Jesús, al ver que había expirado de aquella manera, dijo: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”.
 
Nosotros estamos invitados a revisar nuestra fe, a preguntarle a Pedro y al centurión romano qué les llevó a una confesión tan plena de su fe y a una adhesión a la persona de Jesús sin sucumbir al escándalo de las opiniones tan dispares de la gente o a la vergüenza de una humillación tan extrema como el suplicio y la muerte en la cruz.
 
También en la primera lectura de hoy hay un mensaje que vale la pena subrayar para entender mejor el alcance universal del amor salvador de Dios Padre creador: Después del diluvio se produce como una nueva creación llena de las bendiciones del Señor. Y esta nueva creación es sellada con una especial alianza de Dios con Noé y todos sus descendientes, que es la humanidad entera que de él nace. Esta alianza alcanza a toda la humanidad y nunca será abolida, es como algo previo y más allá incluso de la alianza que Dios hará con Abrahán.
 
Carlos Latorre, claretiano
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