Comentario al Evangelio del

Carlos Latorre,

El texto de Marcos que leemos hoy, es como una introducción  a la sección central de su evangelio, en donde el tema fundamental es la ceguera, es decir la incapacidad de reconocer a Jesús como el Cristo, como la luz verdadera que ha venido a este mundo.
Después de advertir a sus discípulos contra la ceguera que los rodea, Jesús devuelve la vista al ciego.
Si el ciego no tiene nombre es para que cada discípulo se ponga en su lugar.
Los amigos del ciego le piden que lo toque, porque saben  que de las manos de Jesús brota la salud, brota la vida.
Hay otras curaciones en el evangelio que se realizan con una sola palabra de Jesús. En este caso, el milagro se realiza como por etapas y Jesús se implica de una forma muy personal: toma al ciego de la mano y lo lleva fuera del pueblo, lejos de los curiosos. Le moja los ojos con saliva, (es un dato bien conocido que la saliva tiene propiedades curativas).
Pero todo este esfuerzo no es suficiente.  Jesús vuelve a poner  sus manos sanadoras sobre el hombre y le pregunta si ya ve algo.
En toda esta escenificación de la sanación del ciego hay una catequesis sobre la fe: creer en Jesús necesita su tiempo, tiene sus pasos.
Si el proceso de esta curación resulta  laborioso y lento, es para indicar que también el proceso de la fe es gradual y no carente de incertidumbres y vacilaciones.    
Una de las experiencias más estimulantes en el ministerio del sacerdote es precisamente acompañar a personas que buscan  a Dios, personas de diversas edades que quieren descubrir quién es Jesús. Los encuentros se  adaptan  a la historia, a las búsquedas de cada persona.
Desde que estoy en Zürich prácticamente cada año he acompañado a  personas adultas que se preparan al Bautismo o que quieren convertirse a la iglesia católica. Sí, tal vez nos resulte llamativo para quienes somos católicos de toda la vida, que haya hoy día personas que hablan español y que quieren convertirse al catolicismo.
Y lo que resulta más sorprendente aún  es ver la relación que tiene la conversión con la vida de familia: quiere comulgar con el hijo más pequeño que va a hacer su primera comunión en mayo, ya que a los otros mayores nos los pudo acompañar; quiere celebrar las bodas de plata del matrimonio compartiendo la misma fe con la esposa católica: compartir la misma fe, pertenecer a la misma iglesia, participar en los mismos sacramentos…,  ayudará a toda la familia a estar más unidos y a reforzar unos valores que considera la mejor herencia para sus hijos.

Carlos Latorre, claretiano

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