Comentario al Evangelio del

Carlos Latorre, claretiano

No es la primera vez que Jesús habla de una cosa y los discípulos entienden otra.

La tentación en nuestra vida siempre es la misma: estar más pendientes de nuestras necesidades que de la enseñanza del Maestro y de la Providencia de Dios: “¿Ya no recordáis cuando repartí cinco panes para saciar a una multitud de hambrientos?”
 
Los discípulos deben estar atentos para no dejarse contagiar por la levadura de la incomprensión y de la incredulidad que los rodea. Tienen que abrir su corazón y reconocer con los ojos de su fe a Jesús que da el verdadero alimento al pueblo hambriento.
 
Los fariseos están ciegos ante los milagros que hace Jesús. Pero lo que es más sorprendente aún es que también los discípulos siguen ciegos y no recuerdan todo lo que Jesús hizo para alimentar a las multitudes, sólo piensan que hoy van a pasar hambre, porque sólo llevan un pan para todos en la barca. Vienen a decirle a Jesús: “Hablas bonito, pero aquí sólo hay un pan para comer”.

Estos hombres no son capaces de descubrir la presencia del Reino de Dios simbolizada en el único pan que tienen en la barca, por eso Jesús los reprende.
 
Los milagros son acciones de solidaridad y no espectáculos callejeros. Los milagros de Jesús de ninguna manera pretenden comprar la fe de la gente necesitada. Una fe que brota y se alimenta de milagros, genera cristianos sin compromiso. La fe no puede depender de los milagros, es más bien al revés: los milagros dependen de la fe.
 
Conocí hace años un caso sorprendente, un verdadero milagro de amor, desinterés y riesgo: Le llaman Ángeles y vino a la emigración para poder ayudar a su hijo sometido a la diálisis en una isla de Hispanoamérica , porque en la familia no había recursos económicos para poder pagarla. Por supuesto se ha arriesgado a vivir sin papeles, con trabajitos por horas aquí y allá con tal de poder mandar al hijo el dinero que necesita para poder seguir viviendo, pues la diálisis la tiene que pagar cada semana. La emigración nos sorprende cada día con casos parecidos a este. Cuántas veces te dicen: “Es que mis padres o mis hermanos o mis hijos o todos a la vez dependen del dinerito que yo les pueda enviar”.
 
Carlos Latorre, claretiano
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