Comentario al Evangelio del

Luis Angel de las Heras

Queridos amigos y amigas:

Todo el pasaje que se lee hoy del Génesis tiene sabor a juicio y condena. Resulta, a primera vista, pesimista. Empezando por el oscuro desembalaje de actitudes negativas en el ser humano. El varón y la mujer se esconden con y por miedo y acusan a otros antes que asumir la propia responsabilidad. El varón acusa a Dios por haber creado a la mujer y a la mujer por haberle ofrecido del fruto prohibido. La mujer, a su vez, acusa a la serpiente. Dios sentencia a los tres. Al final, sin embargo, antes de la expulsión del jardín de Edén, se abre un camino de esperanza: aparece el nombre de Eva, es decir, Vitalidad, como madre de todos los vivientes. De modo que el río de la vida queda abierto y fluyendo. Y además Dios cubre la desnudez del fracaso y la culpa. No todo está perdido, aunque ya no sea paradisíaco, como antes.

El evangelio de Marcos nos trae hoy la segunda multiplicación de los panes. Según expertos biblistas, un relato de la multiplicación en el que se pretende subrayar el alcance universal de la misión de Jesús. El banquete con el que Jesús sacia a esta multitud está originado por la compasión: “Me da lástima esta gente”. El Dios que cubre la desnudez del mal en el hombre, tiene en Jesús sus expresiones más nítidas de misericordia y bondad hacia los seres humanos. La esperanza con la que hemos terminado la lectura del Génesis en un escenario decepcionante, se retoma ahora en el texto de Marcos con la compasión de Jesús que ha venido para que el hombre tenga vida abundante. Una vida que, sin Dios, se pierde una y mil veces.

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