Comentario al Evangelio del

Severiano Blanco cmf

 

Tanto el autor del Génesis como Jesús nos recuerdan que la creación es bella y que Dios la ha puesto a disposición del hombre; en medio de ella, éste se encuentra en su lugar, en “su casa”. Más aún, existe una profunda comunión entre el hombre y la naturaleza; también él está formado de barro de la tierra.

Pero existe entre hombre y creación una diferencia fundamental: el hombre lleva en sí mismo algo de divino, es “soplo de Dios”. Es, por tanto, terreno y supraterreno. Por ser supraterreno puede cultivar la tierra, planificar, administrar la creación. Pero no es esta una potestad ilimitada; hay algo misterioso con lo que no se puede jugar, unos límites que no se deben traspasar, “un árbol del que no se debe comer”.

El hombre contemporáneo sabe mucho de todo esto; ha descubierto el átomo y la bomba atómica, su conocimiento de la naturaleza le hace libre frente a ella, pero a veces le llena de temor: hay posibilidades que pueden volverse contra él y destruirle. Mejor dicho, ya se han vuelto y le han destruido, física o moralmente.

En los últimos decenios la ciencia se ha atrevido a hurgar en el misterio de la vida; se ha adentrado en el delicado terreno de la ingeniería genética humana; ha inventado la fecundación in vitro, de animales y de seres humanos; ha puesto en marcha la clonación; conserva embriones humanos congelados. Nuevas posibilidades se vislumbran constantemente; lo que no se entrevé es el final. Es posible que ya estemos mordiendo del fruto prohibido, y hayamos hecho desaparecer el encanto y el misterio de la vida y de la creación.

Jesús nos invita a no temer que las criaturas inferiores a nosotros comprometan nuestra integridad religioso-moral. Seguramente que él rezó muchas veces el salmo que dice: “del Señor es la tierra y cuanto la llena” (Sal 24,1). Pero, justamente porque es del Señor, se merece de nuestra parte un trato delicado, respetuoso.

Tanto Jesús como el Génesis nos invitan a detener el paso y reflexionar frente a lo que nos rodea. Es una lástima que el ecologismo de nuestro tiempo haya sido promovido predominantemente por grupos marginales, generalmente no creyentes, y con grandes incoherencias, ya que no rara vez, mientras luchan por la conservación de un vegetal exótico, defienden el aborto como un derecho humano más. Pero no por ello hemos de dejar pasar lo que de correcto tenga su llamada: San Pablo decía a los cristianos de Filipos que vivían en medio de paganos: “tomad en consideración todo lo que hay de verdadero, noble, justo, puro, amable, bien visto, virtuoso, laudable” (Flp 4,8). El pobrecillo de Asís resulta modélico, al ver la creación como una hermana a quien amar.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf
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