Comentario al Evangelio del

Juan Carlos Martos cmf

 

Queridos amigos y amigas:

En este día el evangelio nos relata el encuentro de Jesús de un hombre poseído por un espíritu maligno sumamente hostil, dotado además de una fiereza y de una fortaleza terribles. Tal encuentro aconteció en la región de los gerasenos.

Jesús entabla conversación con este hombre poseído por una legión de demonios. Jesús domina la situación. Se sabe más fuerte y sabio que el mal espíritu invasor. El pobre hombre, tras resistirse y retarle, termina suplicándole la liberación. Jesús, en efecto, actúa y le libera. Este hecho acaba espantando a los vecinos de la zona quienes, entre miedos y sospechas, le piden que se marche de allí cuanto antes. El relato finaliza con la negativa de Jesús a la pretensión del mismo sanado de ingresar en su grupo. Y, en efecto, no pertenecerá al grupo de discípulos íntimos, pero sí será un resuelto misionero, como señala el evangelista Marcos en el texto.
¿Podemos extraer alguna conclusión para nuestra vida?
  • Hemos de combatir siempre el mal. Solo el mal. Y distinguir que no son la misma cosa “mal” y “persona pecadora”. Aunque lo sabemos y repetimos, no siempre diferenciamos. Debemos tratar de detectar el mal y rechazarlo. Sin contemplaciones y sin compasión alguna. Pero nunca hemos de arrepentirnos ni debemos combatir el bien. Porque esto es lo fabulosamente triste: que nosotros, que, con dificultad, nos arrepentimos del mal, tantas veces, con facilidad, nos arrepentimos del bien que hacemos o, también, combatimos el que otros hacen.
  • Es Jesús quien establece el número de componentes de su grupo. No todos tienen por qué pertenecer al mismo. El ingreso se hace por vocación y no por mera inscripción. Ello nos debe recordar que tampoco hemos de hacer el bien que Dios no quiere que hagamos. Hemos de hacer lo que El nos pida. Pertenecer al grupo de Jesús siempre será una llamada sorprendente, imprevista, gratuita… y nunca iniciativa personal ni pago de un favor.
  • Jesús acepta el rechazo de los gerasenos sin rasgarse las vestiduras. El evangelista no advierte en Jesús el menor sesgo de resentimiento, antipatía ni enfado hacia los gerasenos que, prácticamente y por las buenas, le invitan a marcharse cuanto antes… El está más allá de su incomprensión y cortedad de miras. Y, en silencio, se marcha sin más… como si no hubiera pasado nada. La lección es clarísima: Aunque nadie nos lo reconozca y agradezca, hoy también podemos hacer el bien “gratis”, es decir, porque sí, por amor. Lo hacemos con su ayuda y a su manera.
 
Vuestro amigo y hermano,
Juan Carlos cmf
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