Comentario al Evangelio del

Carlos Latorre, claretiano

“En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres”, hemos escuchado en la primera lectura de hoy. Sí, la Palabra de Dios recorre la historia de la humanidad. No podemos decir que nuestro Dios es un Dios mudo, pues su Palabra ha resonado desde el origen del mundo y seguirá resonando hasta el final de la historia.

Sucede con la Palabra de Dios como con las ondas que se emiten por el espacio, si no estás en sintonía, esa Palabra para ti no existe. Hay que conectar y hacerlo correctamente, para una buena recepción.

Juan Bautista termina su actividad y da paso a la de Jesús, que se centrará sobre todo en la proclamación de la Palabra: “Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.» Ese reino que Jesús anuncia no es la promoción de un territorio, de una nación, sino una experiencia de la nueva vida que Dios quiere para sus hijos e hijas.

Jesús se presenta en Galilea no como un profeta más, sino como aquel en quien comienza a hacerse realidad la soberanía universal de Dios como padre compasivo y salvador. Pero, por otra parte, si Dios ofrece la salvación, espera a su vez una respuesta de acogida de parte de las personas. Esta respuesta se concreta en la fe y la conversión, es decir, en el retorno sincero a Dios y en la confianza absoluta en el poder salvador de Dios, encarnado en la persona de Jesús.

“Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.»

La llamada de Jesús es siempre concreta, personal. Lo fue junto al lago de Galilea y lo es ahora a mi que estoy escribiendo este comentario y a ti, amigo, hermano en la fe, que lo estás leyendo. Y ¿para qué nos llama Jesús? Para “pescar hombres”, es decir, para multiplicar el amor de Dios. Que todas las personas con quienes me relacione hoy se dejen llenar de esa presencia amorosa de Dios. Así lo hizo Chiara “Luce” Badano desde la postración en que la dejó a sus 17 años la esclerosis múltiple. Murió con 19 años y acaba de ser proclamada Beata el pasado mes de septiembre en Roma.

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