Comentario al Evangelio del

Alejandro Carbajo, cmf

Queridos amigos, paz y bien.

Con la resaca todavía de las fiestas de fin de año (en Rusia, donde vivo, el país entero está parado hasta el día 10, viendo que el sábado y el domingo son 8 y 9), seguimos meditando la Palabra de Dios.

Y desde el principio del año, un mensaje claro: Está cerca el Reino de los Cielos. Esa es la luz que alumbra nuestro mundo. El Verbo se ha hecho hombre, ha acampado entre nosotros, y nos enseña la forma de entrar en el Reino. El apóstol Juan lo dice hoy muy claro: que nos amemos los unos a los otros, como Él nos amó.

Amores hay muchos en la vida. El amor de los padres al hijo, el amor que un hijo tiene a sus padres, el amor de un alumno a su profesora de primaria, el amor que tenemos al amigo querido del alma, el primer amor… Con el paso del tiempo, vamos viendo que no es sólo (me cuesta dejar de poner el acento, que me perdonen los puristas) cuestión de que nos amen, sino que tenemos que amar. Y cuanto más amamos y nos aman, más felices somos.

Construir el Reino es cuestión de amor. Amar al prójimo, como señal de que amamos a Dios. Porque si no amamos al hermano que vemos a nuestro lado, es difícil amar al Padre Bueno, al que no vemos.

Jesús lleva a cabo muchos milagros de amor y misericordia. Encarna con sus obras las palabras que salen de sus labios. ¿Podemos decir nosotros lo mismo? ¿Las palabras, muchas veces buenas, que salen de nuestros labios, se ven acompañadas por las obras? No se trata de hacer milagros físicos, pero quizá sí podemos hacer milagros espirituales, con un gesto de amor. Aquí se puede leer algo de esto.

 

El 1 de enero la Liturgia nos presenta a María para la contemplación. Ella sí que supo entender lo que significa la cercanía del Reino de los Cielos. Que sepamos vivir cerca de Jesús, como María, para hacer siempre su voluntad y estar en la presencia divina. Y así vivir en paz.

 

Se celebra hoy la memoria de san Raimundo de Peñafort, patrón de los abogados. Algo me toca, así que quiero pedir por todos los que ejercen esa profesión, para que el Señor les guíe y ayude en el difícil camino de buscar la verdad y la justicia.

Vuestro hermano en la fe,
Alejandro, C.M.F.

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