Comentario al Evangelio del

Alejandro Carbajo, cmf

Miércoles, 8 de diciembre. La Inmaculada Concepción.

Queridos amigos, paz y bien.

Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen Ma­ría, que, realmente llena de gracia y bendita entre las mujeres en previsión del Nacimiento y de la Muerte salvífica del Hijo de Dios, desde el mismo primer instante de su Concepción fue preservada de toda culpa original, por singular privilegio de Dios. En este mismo día fue definida el año 1854 por el papa Pío IX como verdad dogmática recibida por antigua tradición (elog. del Martirologio Romano).

De la vida de la Virgen María se puede aprender mucho. Para empezar, cuando su camino en la vida parecía claro –un prometido, José, una vida familiar, hijos, trabajo…- de repente, el paso de Dios lo trastoca todo. Se convierte en la madre del Hijo de Dios. Nada menos. Y ella, como creyente fiel, acepta el cambio. ¿Cómo afecta el paso de Dios a mi vida? ¿Le dejo que me hable, o me cierro en banda, ni veo ni oigo que me está rondando? Aún más, antes de adoptar una  decisión seria, ¿me pongo en presencia de Dios? ¿Oro para que me ilumine la luz de su Espíritu en la resolución de un problema?

María tiene miedo. Es normal. Temer es la reacción normal de una persona normal a una situación inesperada. Lo que nos puede iluminar hoy es cómo María reacciona a su miedo. Le pregunta al ángel cómo puede ser, si ella se ha mantenido casta. Y, después de escuchar la respuesta, acepta. Presentar las objeciones que tenemos a Dios, y orar con ellas, es legítimo. Como lo es para un religioso hablar con los Superiores, y decirles todo lo que obsta para aceptar un destino, por ejemplo. Y si la autoridad dice que, a pesar de todo, hay que cambiar de destino, se cambia. ¿Somos capaces de presentar nuestros argumentos a Dios? ¿Tenemos con Él la confianza que da el trato diario, para decirle todo lo que nos pasa? ¿O, porque no hablamos con Dios, no nos atrevemos a plantearle nuestras objeciones, y preferimos simplemente decirle que no? Otro punto para la reflexión.

Gracias a María, es posible la intervención de Dios en la historia de la humanidad, después del primer pecado. De la mujer vienen los problemas, y por otra mujer viene la salvación. Y por el de María, Dios nos bendice en su Hijo, para que podamos ser santos e irreprochables ante Él en el amor. A María le debemos mucho, y de ella se puede aprender bastante. Dedícale hoy algún rato, y reza alguna de esas oraciones que aprendiste de pequeño. Y si nadie te las enseño, pincha aquí

Vuestro hermano en la fe,
Alejandro, C.M.F.

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