Comentario al Evangelio del

Alejandro Carbajo, cmf

Queridos amigos, paz y bien.

 La primera lectura y el salmo nos repiten el mismo mensaje: Dios viene, y lo hace para salvarnos. Y el Evangelio nos hace una demostración práctica de cómo la salvación actúa en la persona plena, en lo espiritual y en lo físico. Y es que lo de me he quitado un peso de encima o me he sacado un peso del corazón es una sensación que a veces se siente, después de una buena confesión. Andamos más ligeros y todo.

Hoy se celebra la memoria (libre) de san Nicolás. Puedes leer algo de su vida aquí. El fin de su existencia fue el servicio a los demás, en especial a los enfermos. Los que se encontraban con él podían repetir aquello del Evangelio, de haber visto “cosas increíbles”.

¿Y para nosotros? Hay varias enseñanzas hoy. El paralítico no podía andar, y necesitaba la ayuda de otras personas. Y la encontró. ¿Cómo anda nuestro nivel de ayuda a los vecinos (amigos, familiares, compañeros del colegio y/o instituto o universidad) en este último tiempo? Si hace mucho que nadie nos dice eso de gracias por tu ayuda, a lo mejor es tiempo de revisarnos. Y ver a quién podemos echarle una mano. Adviento es tiempo de esperanza, llévale esperanza a alguien. Quizá no tengas que ir muy lejos, para encontrar a un paralítico cerca de ti.

Hay otro motivo para pensar. Esa gente no se rindió ante nada. Hasta le destrozaron el tejado al propietario. No sabemos si luego se lo arreglaron, pero sí sabemos que la fe mueve montañas, tejas y todo lo que haga falta. Y tu fe, ¿cómo va? ¿Te rindes a las primeras de cambio? ¿Piensas que la mejor manera de vencer la tentación es caer en ella? ¿Tienes tu propio criterio, y luchas por defenderlo, o te derrotan las multitudes? Si esos camilleros se hubieran rendido, este pobre hombre se habría vuelto a casa sin nada. La fe que tenían les abrió todas las puertas, mejor, el tejado.

A Jesús no le preocupaba el qué dirán. Le preocupaba más bien la gente que le rodeaba, y si veía fe, actuaba. A veces, Él llama. A veces, la gente viene a Él. En todo caso, por parte de Jesús, una misma pregunta: ¿Tienes fe? Si es así, y quieres curarte, tiéndele la mano. La suya está siempre al alcance.

Vuestro hermano en la fe,

Alejandro, C.M.F.

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