Comentario al Evangelio del

Luis Ángel de las Heras, cmf
Queridos amigos y amigas:

Para poder vislumbrar la salvación que anuncia el profeta hay que curarse de muchas cegueras. Necesitamos dejar que el Señor toque nuestros ojos y que nos suceda conforme a nuestra fe. Pero antes hemos de ponernos en camino, seguir a Jesús aunque no veamos, pedir un aumento de fe y gritar -según la necesidad con que se perciba cada cual-: «Ten compasión de nosotros, Hijo de David». Puede ayudar que no nos veamos pidiendo solos –lo que no excluye orar a solas-. Un ciego no guía a otro ciego, pero dos o más ciegos juntos sí pueden apoyarse en el grito que nace de la desesperanza y se dirige a quien puede esperanzar.

Es un buen plan de Adviento ir adquiriendo el ojo profético que ve cercana la salvación total. Isaías nos anima a contemplar un vergel –el Día de la Salvación- que llegará «pronto, muy pronto». Entonces, quienes miran, verán; quienes escuchan, oirán; quienes sufren, volverán a alegrarse y quienes sólo han conocido el dolor, experimentarán por vez primera el gozo. Ese Día la inteligencia del mal será desbaratada. Ese Día se acabará la opresión, la trampa, el hundimiento del inocente… Ese Día quedará clara la intención de Dios con la humanidad entera. Ese Día triunfará el grito de hombres y mujeres de buena voluntad, que han sido conmovidos por la hondura de una liberación en la que siempre ha estado Dios.

El Día de la manifestación del Bien total y para todos está ya cercano. Si alguien no lo ve, que busque la mirada profética hasta encontrarla. Y, por supuesto, que no dejemos de orar para que llegue la Aurora de la Salvación y de cantar, u orar cantando «Ven, Señor Jesús», con la Hna. Glenda.
 
Vuestro hermano,
Luis Ángel de las Heras, cmf
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