Comentario al Evangelio del

Severiano Blanco cmf

Queridos hermanos:

Muchos de los que hemos visitado Roma recordamos de entre sus innumerables monumentos la basílica y catacumbas de San Clemente, a quien, con cierto anacronismo, se suele dar el título de Papa; apenas se encontrará alguna semejanza entre Clemente y los papas que hemos conocido. Una iglesia casi en pañales, numérica y socialmente insignificante, no necesitaba grandes organigramas. Clemente se llama a sí mismo “presbítero” (=anciano), o miembro del presbiterio de Roma. Pertenece a la generación de los llamados Padres Apostólicos: escritores cristianos relacionados muy de cerca con los tiempos apostólicos o iglesia en “estado constituyente”; crearon una literatura muy próxima al Nuevo Testamento. En su carta a los corintios, de hacia el año 95, nos dejó Clemente hermosas noticias, p. ej., sobre el martirio de Pedro y Pablo.

Cuando escribe San Clemente ya ha tenido lugar el levantamiento de Judea contra Roma, con la consiguiente destrucción del templo y de Jerusalén. Algunos debieron de tomar aquellos horrores por el presagio del inmediato final de los tiempos; pero pronto el evangelista Lucas, y mucho más Clemente y sus contemporáneos, tienen la convicción de que la historia continúa (“el final no llega inmediatamente”: Lc 21,9) y de que lo urgente es encarnar en ella el proyecto de Jesús. Tal encarnación no siempre resulta fácil, y de ello nos dan testimonio ciertos desórdenes en la iglesia de Corinto, iglesia fundada por Pablo y llamada a ser modélica para otras. La noticia causó gran dolor entre los cristianos de Roma, y Clemente, como signo de comunión entre su iglesia y la de Corinto, de catolicidad y de unidad en la única iglesia del Señor, se apresuró a dirigirles una apremiante exhortación, con energía, pero tampoco cariño de hermano:

“¿Por qué desgarramos y descoyuntamos los miembros de Cristo, y nos ponemos en guerra civil dentro de nuestro propio cuerpo, llegando a tal insensatez que olvidamos que somos unos miembros de los otros? (...). Cosa vergonzosa es, carísimos, que tenga que oírse que la firmísima y antigua Iglesia de Corinto está en rebelión contra sus presbíteros por culpa de una o dos personas. Es ésta una noticia que no sólo ha llegado hasta nosotros, sino también hasta los que no sienten como nosotros, de suerte que el nombre del Señor es blasfemado a causa de vuestra insensatez, mientras vosotros os ponéis en grave peligro. Enhorabuena que uno tenga el carisma de fe, que otro sea capaz de explicar con conocimiento, que otro tenga la sabiduría del discernimiento en las palabras y otro sea puro en sus obras. Pero cuanto mejor se crea cada uno, tanto más debe humillarse y buscar, no su propio interés, sino el de la comunidad”.

Los santos, Clemente y tantos como le han seguido, nos sitúan en continuidad con los apóstoles y nos invitan a actualizar su legado; nos traen a la mente y al corazón “lo esencial”; y en concreto nos apremian a no permanecer indiferentes cuando percibimos que la iglesia no refleje los rasgos de su Señor.

Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf
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