Comentario al Evangelio del

Pedro Barranco

Queridos hermanos y hermanas:

Lucas nos presenta un cuadro muy plástico, muy visual, de la actitud de Jesús y, esta, enfrentada a la legalista de los dirigentes.

Parece una provocación . Jesús no sólo cura en Sábado, sino que parece esperar al Sábado para curar. Y además lo hace en el centro de reunión religioso, esto es, la Sinagoga. Podríamos decir que en el meollo de las instituciones religiosas. No se esconde. No se arredra.

Sabe muy bien distinguir qué es una actitud proveniente de Dios y qué es aquello cuya construcción humana entorpece el encuentro con el Dios Padre que viene a predicar. Y no se amilana. Lo denuncia y procede de un modo provocador. Descarado diría yo. No contemporiza con el mal. No lo encubre y deja la injusticia estar.
Es tan evidente el mal que incluso sus adversarios quedan avergonzados.

Independientemente de cómo se presente el mal en nuestros días, está claro que la actitud del seguidor de Jesús debe ser beligerante. No debe dar tregua a la lucha contra toda forma de opresión que encadene a los hombres y las mujeres a modos indignos de existir. No puede pasar de largo ante las ataduras que hacen del ser humano alguien sometido a poderes más o menos ocultos. Ni aunque estos lleven nombres sagrados. Sabemos que la religión puede ser un arma potente para ayudar a los poderosos y, de este modo, que el orden de cosas no cambien en favor de los más pobres, los más humildes, lo que cuentan menos.

Romper las cadenas para que todos sean libres significa hacer gestos, acciones, evidentes que inviten a todos a ser más personas. Romper las ataduras es sumarse al plan salvífico de Jesús que quiere una humanidad nueva. Ahí es donde deben reconocernos como discípulos.

Nadie duda que, por el hecho mismo de ser coherentes, estamos destinados a reproducir el mismo destino, el mismo método y acciones de Jesús.

Un abrazo en el Señor resucitado.

Pedro Barranco

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