Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

Aunque la población en el planeta se acumula cada vez más en las ciudades, hay una conciencia creciente de nuestra dependencia de la tierra, del medio ambiente. La ecología no sólo está de moda. No es algo parecido a llevar el pelo largo o corto o los pantalones así o asá. En medio de la jungla de cemento y hierro en que se van convirtiendo nuestras ciudades nos damos cuenta de que somos parte de la tierra y de que nuestro propio equilibrio depende del equilibrio de la naturaleza que nos rodea. Abusar de la tierra es abusar de nosotros mismos. Respetar su bienestar es el primer paso para nosotros disfrutar de él. Sus ritmos son nuestros ritmos. Y los productos de la tierra siguen siendo una opción más sana que tanto producto medio artificial, lleno de colorantes, conservantes, anti-oxidantes y no sé cuántas otros ingredientes químicos que le ponen para que parezca lo que no es. 

Hoy celebramos una fiesta que tuvo mucho sentido en su momento (cuando el mundo era menos urbano y más rural, más campesino y más ligado a la tierra), que lo ha perdido durante un tiempo (cuando la humanidad ha vivido el sueño de la modernidad, de la industrialización, etc.) y que es posible que hoy lo recupere. Las Témporas de Petición y Acción de Gracias eran una fiesta instituida al final de la cosecha. Terminaban los grandes trabajos del verano y con ellos la recogida del alimento que posibilitaría la supervivencia hasta una nueva cosecha. Aquellos campesinos tenían una clara conciencia de que su cosecha, lo que posibilitaba su vida en definitiva, era fruto de su trabajo pero también y sobre todo don gratuito de Dios . Por eso, se veían casi obligados a volverse a él y dar gracias por los dones recibidos al tiempo que pedir un invierno suave que les permitiese llegar de nuevo al comienzo de otro ciclo. 

Hoy es tiempo para darnos cuenta de nuestra conexión básica con la tierra, de intentar vivir una vida más equilibrada, de reconocer que seguimos dependiendo del ritmo de las cosechas. Y, sobre todo, que todo lo que tenemos: el tiempo, las cosechas, la inteligencia, la capacidad de trabajar, la libertad, el amor... todo es don gratuito de Dios. Y que la mejor actitud con que podemos vivir es en acción de gracias y en respeto a todo lo que nos rodea, a la vida en todas sus formas.

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