Comentario al Evangelio del

Patricia Molina, rmi

Queridos hermanos:

Del Evangelio de hoy quisiera señalar dos cosas que me impactaron: un Jesús ardoroso en el envío a sus discípulos, y unos discípulos enamorados que se lanzan a renovar al pueblo en actitud de servicio y en apertura a lo que Dios quiera regalarle en el camino. Discípulos que llevan el mensaje con alegría, su actitud, su entrega, la comunión que existe entre ellos es el mejor “marketing” a la hora de convencer, de conquistar, de “vender el producto”, porque ellos reflejaban lo que vivían, el amor entre ellos y hacían realidad el pedido de Jesús: “que todos sean uno”, o como lo expresa San Juan, la gente decía: “miren como se aman”. En este tiempo ¿somos uno?, la gente cuando nos ve ¿puede decir miren cómo se aman?

Esto me trae a la memoria lo que nuestros obispos latinoamericanos en Aparecida nos ayudaban a reflexionar: “… Se trata de despertar en los cristianos la alegría y la fecundidad de ser discípulos de Jesucristo, celebrando con verdadero gozo el “estar-con-Él” y el “amar-como-Él” para ser enviados a la misión… y Benedicto XVI lo confirma: “discipulado y misión son como las dos caras de una misma medalla: cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo él nos salva”.

La buena noticia de hoy es una invitación a pensar cómo llevamos adelante la misión confiada, a preguntarnos si verdaderamente nuestra presencia como cristianos renueva la cultura, y actualiza la historia de la salvación. ¿Nuestra presencia recrea y moviliza?
Los cambios sociales, políticos y culturales de hoy nos desafían a preparar la misión con la oración y con las opciones de cada día, a no improvisar y a soñar que siempre es posible lo imposible.

Ya decía hace tiempo Juan pablo II que necesitábamos una nueva evangelización, nueva en su método, en su expresión y en su ardor, y lo reafirma Aparecida donde nos habla de la exigencia de pasar "de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera" (Aparecida N.o 370), valorar los carismas que el Espíritu de Dios ha depositado en cada uno, ponerlos al servicio sin miedos, y animarnos a crear a innovar, para conquistar más almas para Jesús.

Ojalá que juntos podamos hacer realidad el sueño de Dios, que todos seamos uno para que el mundo CREA.

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