Comentario al Evangelio del

ciudadredonda

Ciertamente el lenguaje de los evangelios a veces nos resulta un poco exagerado. En este pasaje de hoy a unos convidados los maltratan hasta matarlos y a otro lo echan a las tinieblas atado de pies y manos. Menos mal que sabemos que son parábolas y que lo importante es el mensaje.

Es algo que conviene saber. La parábola es un género literario en el que (a diferencia de la alegoría, en la que todos los elementos tienen su sentido) sólo importa el mensaje global. No podemos fijarnos en los detalles para sacar de ellos consecuencias.

Y aquí se mezclan dos parábolas, claramente diferenciadas: la de los convidados que no quieren ir a la boda y la del que accede al banquete sin estar debidamente preparado.

O sea, que nos están diciendo por un lado que no nos “despistemos” con las cosas de este mundo (es un mensaje similar al de la lectura del lunes de esta misma semana) y que sepamos dónde debe estar de verdad nuestro centro de interés. Pero eso lo tenemos que traducir a la vida cotidiana: es más importante atender una llamada que terminar el crucigrama, o dedicar un tiempo más a estar con la abuela que salir corriendo para ver el partido por la tele, o estudiar antes que “chatear”… Y todo por el Amor que Dios nos tiene.

Y también nos están diciendo, en la segunda parábola, que no vale cualquier cosa. Que debemos atender los asuntos de Dios, la oración, los sacramentos, etc.  Que debemos leer la Biblia de vez en cuando. Que no basta con decir que uno es cristiano o cristiana y no hacer nada que lo manifieste. Que no se puede andar por la vida, en cuestión de fe, de cualquier manera, conformándose con ir a Misa de vez en cuando… Algún día nos sentiremos “expulsados” o al menos “lejanos” de las cosas de Dios, y ese día puede ser demasiado tarde.

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