Comentario al Evangelio del

ciudadredonda

- Estoy un poco preocupado, porque yo no he dejado “casa, hermanos o hermanas, padre o madre” para predicar el Evangelio. Eso es más bien cosa de curas y monjas.

- Ya lo sé, pero debe de haber algún “truco” en esto, porque si fuera tan fácil todo el mundo se iría de casa para tener garantizada la salvación. O, al menos, los curas y monjas, como tú dices, estarían mucho más tranquilos y seguros respecto a su futuro en la otra vida.

- Sí, pero entonces ¿cómo se entiende eso de “dejarlo todo”?

- No lo sé muy bien. Vamos a ver cómo sigue la lectura.

- Dice algo de últimos y primeros. Eso ¿a qué viene?

- Supongo que se refiere a no buscar siempre lo mejor, a no aferrarse a las cosas que nos producen prestigio o una situación privilegiada.

- O sea, estar dispuesto a renunciar a algunas comodidades si creemos que Jesús así nos lo pide.

- Eso es: “estar dispuestos a renunciar”. Acabas de dar en la clave. Seguro que eso de dejar a la familia significa que debemos estar dispuestos a renunciar “incluso” a la familia si vemos que Dios nos lo pide. Pero no que todos debemos quedarnos sin familia. Menudo futuro para la humanidad…

- Estar dispuestos a renunciar…

- Sí, pero ya dicen los psicólogos (y los curas) que eso de “estar dispuesto” nunca será verdad si no se va traduciendo en pequeños gestos; en este caso en pequeños gestos de renuncia.

- O sea, que esta lectura de hoy nos invita a ir renunciando a algunas cosas en favor de Jesús.

- O en favor de los demás, que son más visibles y viene a ser lo mismo.

- Vaya, vaya. Lo pensaré.

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