Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

      Perdonar siempre, perdonarlo todo. Ya se ha dicho tantas veces que suena a estribillo de canción de verano. Pero nos sigue costando perdonar. Es como si tuviéramos que hacer un esfuerzo sobrehumano. Nos gusta y encanta hacernos los ofendidos, que los otros se den cuenta de que nos han hecho daño. Arrugamos el morro, nos quedamos en silencio, miramos para otro lado. Lo malo es cuando los otros no se han dado ni siquiera cuenta de que nos han ofendido y nosotros jugamos a ese juego de hacernos los heridos. Vista desde fuera la situación puede resultar hasta divertida. 

      Lo malo es que esas ofensas, aparentes o reales, siguen regando de sangre, conflictos, odios, revanchas y tantas otras cosas malas las relaciones humanas, las relaciones entre las personas, los pueblos, las naciones, los grupos étnicos, los aficionados a diferentes equipos de fútbol, los que hablan diferentes idiomas, los que piensan políticamente diferente, los que creen en diferentes dioses. Y ahí seguimos. Todavía hace pocos días, el día de Santiago, uno de los comentarios a pie de página venía a decir que en la legendaria batalla de Clavijo Santiago defendió a la cristiandad española del “ataque del anticristo que barrió la fe de la floreciente iglesia de África”. Y hace sólo unos pocos años podemos recordar las guerras étnico-religiosas que han destrozado los Balcanes o el enfrentamiento en Irlanda del Norte para no salir de la “civilizada” Europa. 

      Por un momento, sólo por un momento, podríamos detenernos y hacer un poco de historia-ficción. ¿Qué habría sucedido si la humanidad en este o aquel momento de la historia de nuestra nación o de nuestro pueblo o de nuestra familia hubiese escogido el camino del perdón y de la reconciliación en lugar del camino de la venganza, del ojo por ojo? Con nuestras soluciones tradicionales no hemos logrado más que sembrar de sangre la historia. 

      Jesús nos propone intentar el perdón, la acogida fraternal al hermanos, el abrazo de reconciliación. Se trata simplemente de reconocer que todos cometemos errores y que sólo dándonos una nueva oportunidad tendremos futuro. Porque está visto que si seguimos con lo del “ojo por ojo” lo único que lograremos será quedarnos todos ciegos.

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