Comentario al Evangelio del

Bonifacio Fernandez, cmf

El presente relato tiene dos partes. Por un lado el texto se centra en la confesión mesiánica de Pedro, en respuesta a las preguntas de Jesús. Pedro se singulariza y expresa el sentir de los discípulos. Dentro de la diversidad de respuestas que suscitaba – y sigue suscitando- la compleja actuación de Jesús, Pedro tiene la percepción de que Jesús es el Mesías esperado.

Pero Jesús mismo reconoce que a Pedro se le ha revelado esa realidad; que no ha llegado a ella por un discurso o estudio racional. Pedro es objeto de una bienaventuranza. “! Dichoso tú, hijo de Jonás”! El Padre le ha revelado a Pedro la identidad de Jesús como Mesías. La confesión de fe no es obra del esfuerzo humano. Es  revelación e inspiración de Dios Padre. Esa fe da identidad a Pedro. La identidad más verdadera y firme. Lo convierte en roca de la fe.

La segunda parte de este relato expresa como la sombra de la confesión que Pedro hace de Jesús y de la identificación que Jesús hace de Pedro. Representa el contraste. Concreta la confesión anterior: “desde entonces...” Jesús habla de una identidad mesiánica que incluye el sufrimiento, el rechazo, el fracaso y la muerte. Ha llegado el momento de  revelar esta dimensión de su mesianismo. Pedro no lo entiende e intenta disuadir a Jesús: Y Pedro recibe un grave reproche por parte de Jesús.

Nosotros los cristianos que leemos y escuchamos este texto tomamos conciencia de el camino de la fe, caemos en la cuenta de las dificultades que sentimos para similar el estilo de vida de Jesús. La proclamación de la Palabra denuncia las resistencias de nuestros corazones a aceptar y el camino de Jesús. Y también el nuestro.

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