Comentario al Evangelio del

Bonifacio Fernandez, cmf

Una primera escena de este pasaje evangélico es la de Jesús en oración. Jesús busca la soledad. Apremia a los discípulos a que se vayan. Despide a la gente. Jesús necesita la soledad. Es de noche. Está en solo. Y ora al Padre.

La segunda escena presenta a Jesús caminando sobre las aguas. Y a Pedro con él. Es una escena cargada de simbolismo. Por una parte, se destaca el reconocimiento de Jesús. Parece un fantasma, pero no lo es. Se da a conocer por la palabra y les lleva a tener coraje y superar el miedo.

La presentación de Pedro andando sobre las aguas es propia de este evangelio. Destaca la figura de Pedro en medio de la comunidad de los discípulos. En realidad, Pedro simboliza también a cada cristiana. La narración muestra la eficacia de la obediencia confiada: Jesús le dice “Ven”. Y Pedro se lanza al agua. El pasaje pone de relieve que aun en medio de la fragilidad, de la debilidad es la confianza la que nos lleva a traspasar nuestros límites. La experiencia de la debilidad humana lleva a la invocación de Dios y ello la transforma en fortaleza.

La tercera escena tiene lugar en tierra en Genesaret. Algunos le reconocen. Al centro de la escena no está la palabra de Jesús; está su acción terapéutica: curó a los enfermos. Pone de relieve el sentido del tacto; los enfermos quieren tocar el borde del manto de Jesús. Y los que lo tocan quedan limpios. Ni Jesús ni el evangelista rechazan esa actitud tan elemental de confianza en Jesús y en su misión curativa. El narrador nos trasmite estos gestos como una expresión del la irradiación de Jesús y de la confianza de la gente sencilla.

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