Comentario al Evangelio del

Fernando Torres Pérez cmf

 

      La historia de Herodes y Juan Bautista ha dado mucho de sí a lo largo de la historia. Tiene su punto de dramático la idea de ver en el rey una especial relación con el profeta. Por una parte le mete en cárcel. Por otra no se atreve a terminar lo empezado y ajusticiarlo. Da la impresión de que Herodes, el rey tirano y opresor, que puede hacer lo que quiera y cuando quiera, que es señor de vida y de muerte con sus súbditos, se encuentra con un límite a su poder. Por muy tirano que fuera le pesa la opinión del pueblo “que lo tenía por profeta”.

      Es la historia de todos los tiranos. Por muy despóticos que sean en algo tienen que aceptar y asumir la voluntad del pueblo. Porque se pueden enfrentar a la rebelión de uno o de un grupo. Pero no se pueden enfrentar al pueblo entero. Ahí está el punto de inflexión. Es la misma diferencia entre el hecho de que un trabajador no acuda a su centro de trabajo o que sean todos los que no vayan. En el primer caso se hablará de absentismo y el trabajador será castigado. En el segundo caso se hablará de huelga y el empresario se sentará a negociar con los representantes de los trabajadores. 

      Pero lo de Herodes no termina ahí. Su poder, su poder real, debía ser muy pequeño. Porque lo que no había hecho por temor al pueblo –ajusticiar a Juan el Bautista– lo termina haciendo por una promesa hecha a una danzarina y por la vergüenza que le daba la idea de romper su juramente delante de los invitados. Así de limitado puede ser el poder de los tiranos. 

      En el fondo, apenas luchan por sobrevivir. Para ello son capaces de eliminar a cualquiera que se ponga por delante. Su principal motivación es el miedo. Lo quieren controlar todo para salvarse a sí mismos pero no logran controlar casi nada. Y, las más de las veces, es cuestión de tiempo que sea su cuerpo el que aparezca apuñalado y tirado por un barranco para ser enterrado a escondidas. 

      La propuesta de Jesús es otra. Dejar el miedo y vivir en la confianza puesta en Dios Padre, aquel que verdaderamente puede dar la vida y vencer a la muerte. Si los tiranos lo supiesen, posiblemente dejarían sus tronos, vivirían más y más felices. 

Comentarios
Ver 4 Comentarios
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.