Comentario al Evangelio del

Salvador León, cmf

RECONOCER LA PRESENCIA

No es lo mismo que alguien pronuncie nuestro nombre a que no sea pronunciado. No es lo mismo que cuenten con nosotros a que caigamos en el olvido y seamos ignorados.

Jesús llama por el nombre: Pedro, Santiago, Juan…Y hoy: “¡María!” La mujer que por un movimiento de amor vuelve al lugar donde habían depositado el cuerpo de Jesús. Vuelve con dolor, con tristeza, con lágrimas en los ojos. Pide una señal, que alguien le una noticia del cuerpo de su Señor, alguien que le diga algo y le alivie su desconsuelo.

Oye cariñosamente su voz y responde: “¡Maestro!” Ahora ella es enviada a anunciar la Buena Noticia de la Resurrección. “He visto al Señor” El nuevo encuentro con él transformó su vida. Del dolor y el llanto pasó a la alegría y la bienaventuranza de los que creen.

A veces el temor y la desesperanza nos pueden llevar al lugar donde Jesús no se encuentra. Jesús está frente a nosotros pero no le vemos porque miramos en otra dirección, hacia la vaciedad de la tumba y la inutilidad de la angustia.

En el momento que lo descubrimos todo cambia. Comienza el camino hacia la misión. Él camina con nosotros.

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