Comentario al Evangelio del

Enrique Martinez, cmf

 

A LA BÚSQUEDA DE LOS CANSADOS Y AGOBIADOS


 

 

          Esa relación tan cercana y profunda de Jesús con Dios, que le hacía dirigirse a él en cualquier momento del día, para expresar espontánea y sencillamente lo que llevaba en el corazón (Evangelio de ayer) le lleva a descubrirse como una persona para los cansados y agobiados. Su experiencia profunda de libertad interior y de gozo, que ha encontrado en el rostro del Padre, le lleva a buscar, a convocar  a quienes no la tienen para ayudarles a descubrirla. Un Dios que se conmueve ante los perdidos y abandonados de la sociedad y de las estructuras religiosas, ante los que no tienen esperanza, ante quienes se ven sobrecargados de preceptos, normas, condiciones, ritos minuciosos, prohibiciones, condenas... incluso «en el nombre de Dios» no puede estar de acuerdo con todos esos tinglados sociales, económicos, políticos y religiosos. Y Jesús se siente llamado a ofrecer otra cosa, porque su «rostro de Dios» es de misericordia, consuelo, descanso, liberación.

              Jesús es un profeta sobre todo «acogedor», que quiere un grupo de discípulos acogedores, que salen a buscar, como él, a quienes se sienten señalados, juzgados, rechazados, marginados, olvidados... Y acogen con gestos, palabras, denuncias, hechos... A su lado, en su interior, se sentirán incondicionalmente queridos y aceptados.

              Por eso hoy la Iglesia (cada bautizado), que experimenta, guarda y anuncia aquel mismo rostro de Dios que Jesús descubriera y revelara a los hombres, tiene que ser capaz de decir con mucha mayor fuerza y claridad a los hombres de hoy y de todos los tiempos: «Venid a mí... ven a mí tú que...»

 

- Ven a mí, tú que estás agobiado con tantas normas y prohibiciones e imposiciones religiosas, de tantas cosas que hay que cumplir, de tantos «condenados», silenciados  y marginados; tú necesitas que te alivien, que te quiten tantos fardos de encima.

- Ven a mí, tú que estás cansado de que los que tienen el poder saquen tajada y se busquen las leyes y los medios para estar cada vez mejor, mientras se olvidan de los más débiles, de los más pequeños. Ven, que te voy a enseñar la felicidad de servir a los otros, que te voy a descubrir quiénes son los favoritos de mi Padre del cielo, y lo que está dispuesto a hacer por ellos, por ti, por vosotros.

- Ven a mí tú que no haces más que intentar ser mejor, que te esfuerzas en corregir todos tus fallos y errores sin conseguirlo, y te acabas cansando de luchar, tentado de tirar la toalla. Ven, que te quiero enseñar a apoyarte en mi Padre.

- Ven a mí tú que estás agobiado por tu futuro, por tus problemas, por la gente que te ha fallado o te rechaza, porque no te llega el dinero, por tu salud. Ven, verás cómo te enseño a vivir todo eso con más paz, porque mi Padre quiere que te preocupes por otras cosas, y dejes éstas en sus manos. Él quiere que mires al cielo, que le mires a Él y descubras que ninguna de esas cosas te puede ni te debe hundir. ¡Yo las he vencido para ti!

- Ven, tú que estás cansado de hacer todos los días lo mismo, que te ves envuelto en la rutina y el aburrimiento, que te faltan ilusiones para vivir, que piensas que ya no hay nada nuevo bajo el sol, que no encuentras un sentido a tu vida: Ven, coge conmigo mi yugo, átate a mí con fuertes cadenas, y vamos a trazar nuevas sendas en los campos de la vida; verás cuánto se puede hacer aún, verás los caminos que podemos recorrer juntos hacia nuestro destino en los brazos de mi Padre.

- Ven tú que estás cargado y esclavo de los convencionalismos sociales, esclavo de las modas, esclavo de tu «forma física», esclavo de tu historia personal, esclavo de tus limitaciones. Acércate a mí, que te voy a ayudar a liberarte de todo eso, a ser tú mismo, a ser como mi Padre ha pensado que seas. Sólo tendrás que asumir la carga que yo te dé, una carga ligera, porque la llevaremos entre los dos; una carga que es agradable, porque se trate que tomes sobre ti a tus hermanos, que hagas tuyos sus pesos y sufrimientos, que los alivies, que compartas lo que ellos quieran darte... 

- Ven tú que estás harto de que también los que nos llamamos discípulos prefiramos los mejores expedientes, los contactos influyentes, los pactos«hoy por ti mañana por mí», las relaciones que nos compensan, los criterios económicos y la maximización a costa de las personas, el situarse delante de los hermanos con prevención y desconfianza, a la defensiva, que procuremos suprimir de nuestro lado a aquellos que no nos dan la razón... Ven tú, porque en mi Iglesia también puedes encontrar quienes viven confiando, amando, haciendo otras opciones: ellos serán tu apoyo, como lo seré yo para que no renuncies a la utopía del Evangelio...

 

           Y ojalá el Maestro pudiera seguir repitiendo incansablemente, por boca de su Iglesia de hoy y de cada momento de la historia: Ven... Ven... Ven... tu lugar está aquí, con nosotros... Esta es mi plegaria de hoy.

Enrique Martínez, cmf 

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