Comentario al Evangelio del

Severiano Blanco cmf

Queridos hermanos:

Es bueno que la Palabra periódicamente nos despierte y sacuda, aunque sea contándonos lo que ya nos había contado. Lo repetido no pierden su verdad por su reiteración. El santo de quien hoy hacemos memoria, Ireneo de Lión, del siglo II, escribió: “La gloria de Dios consiste en que el hombre viva”. Y hoy nos encontramos con un Dios “enfurecido”, ese Dios veterotestamentario que solemos decir que no nos gusta; está airado porque su pueblo elegido le priva de su gloria, ya que está quitando la vida al hombre: venden al justo y pisotean al débil. Esta dureza e insensibilidad de corazón para con el hermano tiene el poder de privar a Dios de su principal atributo: la gloria. El Dios de Israel y de los cristianos no es el Dios impasible de una metafísica abstracta, sino un Dios “traspasado” (cf. Zacarías 12,10).

Lo que nos cuenta Amó podemos verlo como historia, pero no debemos quedarnos en el mero pasado como fríos arqueólogos. La traducción a nuestro presente no resulta difícil: situaciones de esclavitud económica, niños explotados en trabajos  propios de adulto y en la guerra, naciones enteras víctimas de la codicia y de la sed de poder de sus tiranos, mujeres de África, Latinoamérica o Este Europeo convertidas en fábricas de dinero para proxenetas del mundo “más desarrollado” (?),… Menos mal que, junto al largo etcétera que podríamos añadir a la lista, están miles de misioneros y decenas de organizaciones de voluntariado trabajando por que el hombre viva y devolviendo así a Dios su gloria.

Y, antes de terminar, no podemos omitir una palabra sobre el seguimiento, ese fenómeno central en la vida de Jesús y en la tradición evangélica. Los estudiosos dicen a veces que es difícil llegar a la autoconciencia humana de Jesús. Pero hay algo de lo que no podemos dudar: su excepcional conciencia de autoridad. Sabía que su palabra pesaba más que la del mismísimo Moisés y declaraba que el camino de la realización humana consistía en seguirle a él.

En el evangelios de hoy aparecen dos candidatos al seguimiento: un espontáneo y un llamado. Curiosamente Jesús dice al espontáneo palabras disuasorias: le conviene considerar dónde se va a meter,.. Está claro: Jesús es quien llama y quien admite; el seguimiento no se realiza por mera iniciativa nuestra; “no me elegisteis vosotros”. El segundo candidato no es sordo a tal llamada, pero condiciona su respuesta al previo arreglo de algunas cosas. La respuesta del Maestro es dura, e insuperablemente clara: sólo en torno a él hay vida; lo demás y los demás, aunque parezca lo contrario, es muerte. La alternativa queda clara. 

La fe es la respuesta a la palabra y a la llamada de Jesús. La más antigua confesión específica de la fe de los cristianos debe de haber sido “Jesús es el Señor”, eso que según San Pablo sólo puede pronunciarse con la asistencia del Espíritu Santo (1Cor 12,3). Hoy no queda resquicio de duda acerca de ese singular Señorío.
    
Vuestro hermano
Severiano Blanco cmf

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