Comentario al Evangelio del

Enrique Martinez, cmf

 

LA PALABRA SE HIZO CARNE Y SE OFRECE HECHA PAN

              El Espíritu de Jesús Resucitado quiere dar un empujón definitivo a la tarea evangelizadora comenzada por los apóstoles, los Siete Diáconos y otros muchos cristianos. Y pone su mirada en Saulo. Lucas nos redacta a su modo el proceso interior de Saulo (en sus propias cartas no encontramos nada parecido) y su encuentro con Jesús, con una serie de detalles sugerentes. Me fijo en la «ceguera».

            Saulo está absolutamente convencido de estar en la verdad, y se siente en la obligación de perseguir a ese grupejo de cristianos que se toma tantas libertades con respecto a la Ley y las tradiciones de siempre. Los que están equivocados son los demás, y hay que poner orden como sea. Él ha sido un fiel cumplidor de la Ley desde siempre y ha conservado las santas tradiciones, y cree que eso le hace estar en orden con Dios, que suma «méritos» ante Dios y que está haciendo lo correcto. Pero, qué tremendo: su manera de entender y vivir la religión judía le hace ponerse en contra del mismo Dios hasta el punto de perseguir a su Hijo. Está «ciego» ya antes de su experiencia en Damasco... pero no es consciente de ello. Los que están cegados son los demás.

       Jesús Resucitado le hará descubrir «al tercer día», le revelará en su interior, su tremenda confusión y recobrará la vista. Esto significará descubrir la universalidad del Evangelio y la inutilidad de la Ley con todas sus prescripciones como camino de acceso a Dios. La Ley está superada y Jesús es la definitiva revelación de Dios y de su voluntad (Jesús es el Hijo de Dios), y lo que tiene valor es la entrega en la Cruz y la fe en Cristo Resucitado, una fe que significa identificarse con él, unirse a él, vivir como él y dejarse de méritos (ante Cristo él no puede presentar ninguno), y sin embargo ha sido «elegido» para dar a conocer su nombre a pueblos y reyes, y para sufrir en su nombre. Todo esto que descubre (que Cristo le revela) le llevará a luchar desde dentro de la comunidad contra todas las tendencias judaizantes, y contra todo intento de confundir (identificar) la fe en Jesús con leyes, ritos y prácticas; le llevará a «traducir» el mensaje del Evangelio a la mentalidad helenista, a no aceptar diferencias dentro de la comunidad (como pretendían los judaizantes). En definitiva a predicar a Cristo Crucificado hasta el mismo corazón del Imperio Romano, aceptando a esclavos y libres, a hombres y mujeres, a griegos y judíos...

         Dicen los biblistas que Juan ha reservado el uso de la palabra «carne» para referirse exclusivamente a la encarnación (la Palabra de Dios se hizo carne) y a la Eucaristía. Ambas se iluminan mutuamente. Si la Palabra de Dios se hizo carne, quiere decirse que donde Dios habla ahora es en la persona de Jesús (él es la Palabra de Dios), a él hay que escuchar, porque las antiguas Diez Palabras ahora son una sola: Cristo. Y si las Diez Palabras dieron origen al Pueblo de Dios, esta Palabra que es Cristo es el origen de un Nuevo Pueblo. Si la Palabra de Dios se hizo carne, quiere decirse que a Dios ahora se le encuentra en los hombres, en todo hombre y también en mí. Si la Palabra de Dios se hizo carne, quiere decir que Dios se ha metido de lleno en nuestra historia para hacerla suya, para que le encontremos en los acontecimientos que vivimos. Quiere decir también que Dios ha asumido nuestra debilidad para elevarla, ahora es una «carne» divinizada, habitada por el Espíritu. Si la Palabra de Dios (la que hizo la creación, la vida) se ha hecho carne, en Cristo comienza una nueva creación, una nueva vida, un nuevo nacimiento: nacemos de lo alto, de Dios: él es nuestro Padre. Podríamos seguir añadiendo muchos más aspectos...

         Y comer su carne significa aceptar, asumir, formar parte de todas estas cosas. Significa también que nos transformamos en Cristo, en Cuerpo y Carne suya. Significa que aceptamos ser también nosotros pan que se entrega para que otros se alimenten. Significa que aceptamos la entrega y el sacrificio (=sangre). Significa que estamos «en proceso» de Resurrección por estar unidos a él.

     ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?, se preguntaban aquellos judíos. Nosotros ya sabemos la respuesta. Aunque algunos, seguramente por ignorancia, se atrevan a decir aquello de «para ser cristiano no hace falta la Eucaristía(=ir a misa)». Porque se están desmarcando abiertamente de la oferta de Jesús: es el camino para ser uno con él, para ser discípulo, para ser de los suyos, para tener Vida en nosotros... Todo esto hay que irlo «masticando» muy despacio, porque «tiene mucha miga».
                                                                                                        Enrique Martínez cmf

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