Comentario al Evangelio del

Enrique Martínez, cmf

¿QUÉ ES ESTO?

 

               Esteban no está propiamente cuestionando la Ley de Moisés; como Jesús, va al centro. Si el signo exterior de que se pertenecía al pueblo de Dios era la «circuncisión», Esteban les reprocha que se ha quedado en algo puramente externo y falso. Porque lo que había que «circuncidarse» eran el corazón (el centro de la persona, el yo, la propia identidad) y los oídos (ser verdaderamente el pueblo de la escucha, del Shemá, atento a lo que dice la Palabra de Dios). Pero ni una cosa ni otra.
Es más: No eran capaces (o no les daba la gana) de reconocer la Palabra de Dios que venía por boca de sus profetas, así que los perseguían y eliminaban. Con tal de no cambiar la vida, los comportamientos erróneos, con tal de no dejarse cuestionar y exigir por la voluntad de Dios, se cerraba la boca de los mensajeros persiguiéndolos y eliminándolos. Esto es lo que hicieron con Jesús, y lo que Esteban comprende que van a hacer con él. Si persiguieron al Maestro, también perseguirán a sus discípulos. El propio Jesús ya lo había advertido. Esteban vive el momento de su martirio con el mismo espíritu de Jesús, y diciendo unas palabras parecidas, sólo que en este caso no van dirigidas al Padre, sino al propio Cristo: Señor Jesús recibe mi espíritu... Y no les tengas en cuenta este pecado. Él sí que había interiorizado y hecho suya la Palabra de Jesús, sin quedarse en la letra: Vivir como él, morir como él y por la misma causa que él.

         Al amanecer, cuando el rocío se evaporaba en el desierto, los hebreos que habían salido de Egipto, encontraban en el suelo del campamento, algo con aspecto harinoso, parecido a la escarcha. Y exclamaban:  «Man-hou», maná, «¿qué es esto?». Era un alimento que caía del cielo, de arriba, de las nubes... y serviría para sostener su marcha en el camino de la liberación.
«¿Qué es esto?»: lo que Dios os da para que seáis capaces de seguir caminando. «¿Qué significa esto?»: que Dios os quiere libres, y mientras os esforzáis por liberaros de las cadenas del faraón (cadenas externar e internas, las más «resistentes»), tendréis este «pan», que cesará el día en que entréis en la Tierra y seáis del todo libres. «¿Qué es esto?»: Que Dios no os quiere con hambre. Y que todos vais a recibir la misma cantidad, para que no haya diferencias entre vosotros. «¿Qué es esto?»: Una invitación de Dios a que confiéis en su Providencia, porque el «maná» no se podía almacenar de un día para otro, se estropeaba. Era «el pan nuestro de cada día».


         Pero en realidad ese alimento era muy pobre... comparado con el alimento que Jesús ofrece. Él sí que es un pan bajado del cielo, del mismo Dios, es Dios hecho Pan. El que come de este Pan no sentirá más hambre, sólo sentirá más hambre de Dios. Es un Pan que da Vida con mayúsculas, que nos acompaña en el camino hacia otra «Tierra». Cuando es depositado en nuestras manos, debiéramos hacernos la misma pregunta: ¿Qué es esto? ¿Qué significa? ¿Para qué lo recibo? Y como entonces en el desierto, pero muchísimo más: es el Pan para que cada día seas más libre, para que seas más de Dios, para que te vayas haciendo Dios (somos lo que nos alimenta). Es el Pan que te invita a confiar más en el Dios que te cuida, y a no andar agobiados por el futuro. Es el alimento que te permite atravesar las arenas de este desierto que es la vida, un Pan también compartido con otros, que serán mis «com-pan-eros», con los que iré poco a poco formando el Nuevo Pueblo de Dios.
Entonces es lógico orar así: Señor, danos siempre de este pan. Danos el pan «nuestro» de cada día.

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