Comentario al Evangelio del

Luis Ángel de las Heras, cmf

Queridos amigos y amigas:

    ¡Cuántas veces nos ha ayudado el sabio consejo de Gamaliel! La «solución Gamaliel» nos ha servido para ubicarnos ante «movimientos» que no sabíamos si apoyar o perseguir. Quizá porque somos muy dados a juzgar, olvidando el precepto del Señor: «No juzguéis y no seréis juzgados». No viene mal recordarlo.

    En la lectura de Hechos queda claro, una vez más, que la extensión del Evangelio prospera. Los apóstoles se sienten seguros y fortalecidos, por el impulso del Espíritu Santo y por la persecución de que son objeto, «contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús». Además, la «solución Gamaliel» avala su anuncio del Evangelio de Jesucristo. Como no se dispersan y continúan enseñando, la obra parece ser «cosa de Dios». Y hasta este momento, nadie puede desmentirlo.

    Este día, el evangelista Juan nos transporta a un monte, junto al lago Tiberíades, a un banquete en medio de la escasez, a la multiplicación de los panes. Jesús aparece en este texto con una conciencia sobrenatural de lo que va a ocurrir. Él es el centro del banquete, quedando los discípulos en un papel secundario, con una clara diferencia con respecto a la multiplicación narrada en el evangelio de Marcos, cuando Jesús les dice: «Dadles vosotros de comer».

    Jesús, además, es reconocido como respuesta a las necesidades más profundas del ser humano, como «el profeta que debía venir al mundo». Incluso como líder que podía solucionar los problemas sociales y políticos —«pretendían proclamarlo rey»—.  Algún comentarista ha escrito que, en este pasaje de Juan, debería hablarse más de «la multiplicación del Pan», que de «la multiplicación de los panes». Jesús es el Pan de Vida y su gran señal es el banquete eucarístico. Él es suficiente, mejor aún, abundante, para cubrir nuestras carencias. Escribe san Antonio María Claret en su Autobiografía: «Vos sois para mí suficientísimo. Vos sois mi Padre, mi amigo, mi hermano, mi esposo, mi todo». Nadie que ha probado este Pan puede quedar insatisfecho, ni tampoco dejar de repartirlo con otros. Son otros modos de expresar el «Sólo Dios basta» de santa Teresa de Jesús, que tanto rezamos y cantamos. Bien podemos hacerlo ahora: «Nada turbe, / Nada te espante, / todo se pasa, / Dios no se muda;/ la paciencia / todo lo alcanza; / quien a Dios tiene / nada le falta: / Sólo Dios basta».

Vuestro hermano en la fe pascual,
Luis Ángel de las Heras, cmf
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