Comentario al Evangelio del

Luis Ángel de las Heras, cmf

 

Queridos amigos y amigas:

Hoy impera el silencio de la Cruz... el silencio más elocuente. Con el temor de acallar este silencio, voy a escribir... 

Cuando contemplamos la muerte, sobre todo la muerte dolorosa, la muerte injusta, la muerte cruel, la muerte inesperada... el silencio se convierte en queja, en pregunta, en rabia, en grito y en confianza, en palabra de consuelo... Acompañado de un sencillo gesto, cuando es posible, el silencio se vuelve cariño y cercanía. No hace falta más, o no es posible más.

Así, al contemplar la muerte de Jesús, hablan esos silencios. El de la queja, porque había prometido la liberación del pueblo. El de la pregunta: ¿Cómo podemos ser seguidores de un fracasado? El del grito desesperanzado, decepcionado. Pero también el de la confianza en la victoria definitiva. El del consuelo: la Cruz es Sabiduría de Dios y en Ella se da muerte a la misma muerte y, por consiguiente, a tanto llanto y dolor de este mundo, que se salva por el Crucificado y no por los crucificadores.

Así, descubrimos la Cruz como la puerta que nos abre a la Vida, dando sentido al presente y esperanza al futuro. La Cruz como manifestación extrema de la infinita misericordia de Dios. La Cruz como dolor lacerante que se torna en gozo exaltado, si sabemos mirar: «Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo. Venid a adorarlo.»

Seguimos a un crucificado, no podemos negarlo, pero este crucificado es un resucitado, y tampoco debemos olvidarlo. La lectura de la Pasión según san Juan nos propone, gozosamente, contemplar al Crucificado desde el Resucitado. Por ese camino nos mantenemos «firmes en la fe que profesamos».

También el profeta Isaías, en la figura del siervo, nos entrega un sorprendente mensaje consolador. Ante el «desfigurado que no parecía hombre», sellamos nuestros labios para «contemplar algo inaudito». Nadie como él, padeciendo voluntariamente, sobrelleva nuestros sufrimientos y dolores. Por eso mismo, misteriosamente, «tendrá éxito».

 

Os dejo con la MÚSICA CALLADA, con la SOLEDAD SONORA del Viernes Santo -evocando a san Juan de la Cruz-. Música y soledad que comparten, con Jesús, María su Madre, María la de Cleofás, María la Magdalena, el discípulo que tanto quería y quienes han querido y queremos contemplar - adorar el ÁRBOL DE LA VIDA.

Vuestro hermano en la fe,

Luis Ángel de las Heras, cmf 

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