Comentario al Evangelio del

Luis Ángel de las Heras, cmf

 

Queridos amigos y amigas:

En la lectura del profeta Isaías, el siervo del Señor se presenta a sí mismo en contexto universal. El siervo escuchó en el vientre materno cómo el Señor pronunciaba su nombre. Oyó, después, que el Señor estaba orgulloso de él, como de su pueblo Israel. ¡Qué grata experiencia escuchar que  alguien está orgulloso de uno! ¡Qué gran regalo conocer que ese alguien es el mismo Dios!

¿Has experimentado alguna vez que Dios «está orgulloso» de ti, de tu grupo o comunidad, de tu parroquia, de tu familia religiosa, de tu Iglesia diocesana, de nuestra Iglesia Católica? Demasiadas veces nos fijamos en el mal, que no querríamos ver ni hacer, y podemos pensar que no cumplimos las expectativas de Dios, que «en vano y en nada me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas»... Sin embargo, el Señor nos honra y es nuestra fuerza; hace del siervo luz de las naciones y, de cada uno de nosotros, espejo de esa luz.

Con el pasaje del evangelio de Juan nos damos cuenta de que en todo grupo humano puede haber lacras y fallos importantes. No hay que ocultarlos. Si hay una posibilidad de vencer el cáncer, sólo se logra diagnosticándolo a tiempo y comenzando un tratamiento. En los últimos tiempos, vivimos en la Iglesia un doloroso reconocimiento público de escándalos que muestran la debilidad humana de algunos de sus miembros, alejados de su ser y misión, enredados en oscuridades, aferrados al mal que hacen a otros y se infligen a sí mismos.

Habrá quien interprete estos hechos como una vía incontrolada de descrédito y destrucción para nuestra Iglesia Católica, y puede que haya quien lo desee. Pero Jesús no desvió los ojos del mal, lo señaló, lo desenmascaró y su proyecto se abrió paso con el triunfo diseñado por la voluntad del Padre.

Tampoco nos exaltemos nosotros, como Pedro, para contrarrestar el mal, o para creernos "buenos", libres de pecado. Porque todos somos de barro y, aunque no nos identifiquemos con Judas Iscariote, siempre podemos recorrer el camino de las lágrimas, después de cantar el gallo, cuando se nos haya deslizado alguna negación del Señor, casi sin darnos cuenta, como a Pedro.

Vuestro hermano,

Luis Ángel de las Heras, cmf 


Comentarios
Ver 7 Comentarios
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.