Comentario al Evangelio del

Manuel Tamargo, cmf

    ¿Cómo se mezcla en una misma escena la sensatez con la imprudencia? María da una muestra de serenidad y sensatez al preguntarle al ángel “cómo será eso”; es capaz de verbalizar la dificultad en un momento tan especial. Pero a cambio, humanamente hablando, puede parecer una insensatez, una imprudencia, aceptar sin más, sin pensarlo, una encomienda como la de ser Madre de Dios.

    Siempre me ha llamado la atención este contraste. Primero la aparente objeción, después la entrega incondicional. Y todo en unos segundos.

    Es una de las características de la figura de María, tal como nos la transmiten los Evangelios: el saber estar, el saber en cada momento qué hacer (en el portal, en Caná, en la cruz,…), el estar a la altura de las circunstancias. Y las circunstancias, en la Anunciación, estaban a una altura divina.

    Sólo desde la serenidad del que tiene su vida fundamentada, apoyada en Dios se puede tener un comportamiento tan oportuno, tan equilibrado, tan generoso.

    El gran mérito de María es ese. Que siempre había estado en contacto con Dios, de parte de Dios, apoyada en Dios, confiada en Dios.

    Además, en eso sí que es imitable, por ese camino podemos avanzar. ¿Sabéis cuántos miedos, incertidumbres, temores, agobios, incongruencias, se pueden evitar si tenemos esa conciencia clara de estar en manos de Dios, de que Él nos respalda, de que siempre saldrá en nuestra ayuda?

    No es fácil, pero es posible. Avancemos por la senda de la oración, de la escucha de la Palabra, de los sacramentos, del contacto con Dios, cultivando la confianza en Él. Nos cambiará la vida. Seremos todo lo sensatos e imprudentes que debamos ser, como María. Y mucho más felices.

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