Comentario al Evangelio del

Alejandro, C.M.F.

Queridos amigos, paz y bien.

    ¡Cuánta razón tenía Jesús, al decir que nadie es profeta en su tierra! En tu tierra es donde te conocen, donde te han visto crecer, donde conocen a tu familia, las notas que obtuviste en el Colegio y muchas de las cosas que las abuelas gustan de contar, sobre todo a las visitas. Y luego lo utilizan en tu contra…

    Cuando conoces (o crees conocer) a una persona, no es posible esperar nada de él. Y nos cerramos, y se resiente la vida familiar (como en la parábola del hijo pródigo, con el hermano mayor que no quiere aceptar el cambio de su hermano) o la vida comunitaria, o el ambiente en el trabajo…

    Y eso nos limita la posibilidad de relacionarnos con el otro, de aprender del otro. Hace falta mucha humildad para decirse que no lo sabemos todo, que siempre se puede aprender algo. Cuando uno lo sabe todo, es difícil escuchar. Cuando lo sabemos todo, reconstruimos a Dios a nuestro estilo y semejanza, y le hacemos decir cosas que no son de Dios, sino nuestras. Por eso, a veces, en nombre de Dios se hacen y dicen barbaridades.

    Hay otro aspecto interesante en las lecturas de hoy. Se trata de Nicodemo. Un hombre conocido, que en su ambiente, se la juega. Da la cara, opta, se “define”. ¿Te atreves a optar, a dar la cara, cuando hay discusiones sobre la fe? ¿O cambias de nacionalidad por un rato, convirtiéndote en sueco? Igual que ayer la figura de José nos recordaba la importancia de estar abierto a la voluntad de Dios y trabajar cada día para conocerla, hoy Nicodemo nos pone en la disyuntiva del tomar partido por el Evangelio. En los mil detalles de cada jornada, en un ambiente difícil –  ¿cuándo ha habido ambientes fáciles para la Iglesia? – y allí donde el Señor te haya colocado. No hay que derramar la sangre, pero sí ser testigos de que creemos, y de que lo que creemos, nos ayuda a ser más felices.
    
    Se acaba la cuarta semana de Cuaresma. Hay posibilidad de revisar nuestros compromisos, nuestra apuesta por la oración, por la limosna, por el ayuno, y ver de qué modo nos estamos preparando para la fiesta de la Pascua. El 4 de abril está a la vuelta de la esquina. Que no te encuentre desprevenido.

Vuestro hermano en la fe,
Alejandro, C.M.F.
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