Comentario al Evangelio del

Alejandro, C.M.F.

Queridos amigos, paz y bien.

    Desde luego, viendo cómo nos presentan los Evangelios al pueblo judío, parece que no entendían nada. Ya en los comienzos de la Alianza, mientras Moisés estaba recibiendo las Tablas de la Ley, ellos andaban con su becerro de oro. No es extraño que a Jesús tampoco le entendieran. Él hablaba claro y sus obras acompañaban sus palabras, pero no podían aceptar que fuera el Mesías.

    Hoy en día, también hay mucha incomprensión. Con los criterios del mundo, nuestra forma de ver la vida es juzgada como antigua, inadecuada, incomprensible. A los que sólo piensan en sí mismos, les parece absurdo que haya un Dios que te pida respetar al otro, verlo como fin y no como medio, etc.

    Cuando alrededor de nosotros haya incomprensión, cuando tengamos problemas por decir que el aborto no es un derecho, cuando nos miren raro por ir a misa los domingos, cuando digamos no a relaciones que convierten al otro en objeto de placer, entonces tendremos una buena oportunidad para demostrar de parte de quién estamos, de Jesús o del mundo.

    Es  verdad que los tiempos cambian, pero como dice un hermano de mi Comunidad, no siempre cambian a mejor. En la Iglesia hemos hecho esfuerzos de adaptación, de puesta al día, pero no todo se puede aceptar. Jesús siempre estuvo por la vida, y así vivió y murió. A nosotros nos toca continuar su tarea. En esta Cuaresma que avanza, revisa tu vida, comprueba hasta qué punto estás unido a Cristo, y cómo llevas los ataques del mundo indiferente que te rodea.

Os invito a rezar con las palabras del Cardenal Newman:

Oh, Jesús, ayúdame a esparcir tu fragancia dondequiera que vaya.
Inunda mi alma de tu espíritu y vida.
Penétrame y aduéñate tan por completo de mí, que toda mi vida sea una irradiación de la tuya.
Ilumina por mi medio y de tal manera toma posesión de mí, que cada alma con la que yo entre en contacto pueda sentir tu presencia en mi alma.
Que al verme no me vea a mí, sino a Ti en mí. Permanece en mí.
Así resplandeceré con tu mismo resplandor, y que mi resplandor sirva de luz para los demás.
Mi luz toda de Ti vendrá, Jesús: ni el más leve rayo será mío. Serás Tú el que iluminarás a otros por mi medio.
Sugiéreme la alabanza que más te agrada, iluminando a otros a mí alrededor.
Que no te pregone con palabras sino con mi ejemplo, con el influjo de lo que yo lleve a cabo, con el destello visible del amor, que mi corazón saca de Ti ¡Amén!

 

Vuestro hermano en la fe,
Alejandro, C.M.F.
Comentarios
Ver 6 Comentarios
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.