Comentario al Evangelio del

Alejandro, C.M.F.

Queridos amigos, paz y bien.

    Jesús sigue chocando con los judíos. El motivo, curar en sábado. Hay gente que no aprende, y que se cree en posesión de la ley, o lo que es peor, en posesión de Dios, y por eso pueden disponer de la vida ajena. En fin. Se olvidan de lo que dice el salmo del día, que el Señor es clemente y misericordioso. Así lo sintió el profeta Isaías, cuando habla de la Alianza de Dios con su pueblo, aunque muchas veces, éste no lo merezca.

    Volviendo a Jesús, Él sigue adelante con su misión, que no es otra que hablar del amor del Padre. Ese amor que es capaz de revivir, de dar vida incluso a aquellos que, a los ojos del mundo, parecían ya muertos. Es un milagro que hemos visto muchas veces en la casa de acogida de las Hermanas de Teresa de Calcuta, cuando llegan deshechos humanos y salen personas capaces de volver a insertarse en el mundo. Y eso se logra a base de amor, a base de mirar a todos con los ojos de Dios. Eso va con el carisma de Madre Teresa, pero puede entrenarse, por supuesto.

    Porque todos, como los judíos en el exilio, nos preguntamos, en los momentos difíciles, dónde está Dios. Son los momentos de prueba de la fe, donde muchas veces no podemos hacer más que rezar. Ahí, en la oración, nos abrimos a Dios, le pedimos, le damos gracias, le escuchamos, nos abrimos a su amor. Ojalá en este tiempo que todavía tenemos de Cuaresma, podamos incrementar nuestra oración.

    Jesús oró mucho, y ahí cayó en la cuenta del amor del Padre. Jesús habló del amor de su Padre ala gente, hace 21 siglos. Nosotros tenemos hoy la tarea de transmitir sus palabras, de forma que todos las puedan entender hoy. Y eso le toca a cada uno, no sólo a los curas, monjas y catequistas. Ánimo y a repartir amor.

    Hoy es San Patricio. Un día importante en mi vida, porque es el aniversario de mi ordenación como sacerdote. En este día, el 2001, recibí el sacramento del orden. Era Cuaresma, como este año. Doy gracias a Dios por estos años, y le pido seguir sintiendo su amor, y poder ser su mensajero, más o menos capaz, pero siempre con ilusión.

Vuestro hermano en la fe,
Alejandro, C.M.F.
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