El verdadero profeta, por ejemplo, está siempre entre dos fuegos. Habla a los hombre en favor de Dios; y habla a Dios en favor de los hombres.
El verdadero profeta, por ejemplo, está siempre entre dos fuegos. Habla a los hombre en favor de Dios; y habla a Dios en favor de los hombres.
Una comunidad de vida-misión.
Cuando no se está centrado en lo esencial, la ambición puede llegar a extremos no sólo perniciosos, sino también ridículos y hasta grotescos.
El carisma es un don especial de gracia, concedido por el Espíritu Santo.
La fe cristiana es, ante todo, un don, un regalo inmerecido y gratuito. Un don que, por la benevolencia de Dios, se ofrece a todos, pero que no se impone a nadie.
Las palabras han dejado ya de ser, muchas veces, instrumentos de comunión y de comunicación entre los hombres, y se han convertido, con frecuencia, en medios especialmente aptos para el engaño y hasta para el chantaje.
Jesús es no sólo la personificación de la autoridad, sino también la personificación de la obediencia.
El anuncio y la denuncia, desde la propia vida y desde la palabra, es lo que caracteriza al verdadero profeta de Dios.
La infancia desempeña un papel decisivo en la historia de la salvación. Tan decisivo que viene a ser la condición indispensable de pertenencia al Reino.
No es un acto, que se realiza de una vez para siempre, sino un verdadero proceso, que ha de durar la vida entera.
El amigo auténtico es siempre único, pero no en el sentido de exclusivo, sino en el sentido de inconfundible.