Pueblan los hogares, las escuelas, los campos, las calles, los barrios, los pueblos y la capital.
Pueblan los hogares, las escuelas, los campos, las calles, los barrios, los pueblos y la capital.
Ojos hambrientos de esperanza, aguardando en sus manos abiertas la comida a su tiempo que no a todos llega.
Al observar el inmenso campo de misión nos quedamos desbordados por la mucha mies y los pocos obreros que trabajan en ella.
¡Cuánto dura el invierno! No sólo ocupa los meses de junio a septiembre.
La Vida ha vencido. Y nosotros también. Todos nos hemos enriquecido. Todos hemos ganado en humanidad y en comunión.
Me he encontrado con Dios en el ‘infierno’, y encontré en ese ‘infierno’ gente maravillosa, gente en la que Dios se complace.
Las cataratas no ocultan su esplendor. Aparecen como un sagrado altar al agua para toda la eternidad.
Señor, en este pozo, donde diste tu agua a la Samaritana, yo te pido de beber.
Intento ahora expresar la vivencia de otras experiencias cotidianas compartiendo otra intimidad.
Esta mujer, no ha dejado de dar vida, de ser fiel, de estar al pie de la cruz esperando la resurrección.
A los pobres les toca vivir en los márgenes, a las afueras, donde no hagan daño a la vista, donde estén más olvidados.