Al cabo del día, todos nosotros, creyentes y no-creyentes, piadosos e impíos, compartimos una misma humanidad y todos acabamos en idéntico camino. Esto tiene muchas implicaciones.
Al cabo del día, todos nosotros, creyentes y no-creyentes, piadosos e impíos, compartimos una misma humanidad y todos acabamos en idéntico camino. Esto tiene muchas implicaciones.
En un pasaje particularmente emotivo de su poema La hoja y la nube, Mary Oliver se imagina ante la tumba de su madre y su padre, reflexionando sobre sus vidas. Ellos distaban mucho de ser perfectos, y ella no endulza sus faltas. Señala abiertamente el abatimiento del alma de su madre y la inmadura fe de su padre. Sabe que muchas de sus propias luchas tienen sus raíces ahí.
Después de su primer arresto, el activista pacífico Daniel Berrigan pasó a la clandestinidad. Tras cuatro meses, fue capturado, pero clandestino durante esos meses, aunque sin ninguna amenaza para nadie, le pusieron en la lista de los Diez más buscados del FBI. Aquí se dio cierta ironía que no pasó desapercibida.
El teólogo belga Jan Walgrave, que dirigió mi tesis doctoral, fue un verdadero intelectual y, además, singular. Verdadero, en ese su pensamiento, natural e instintivamente gravitado hacia las eternas cuestiones filosóficas de esencia y existencia. ¿Por qué estamos aquí? ¿Quiénes somos en realidad?
Muchos de nosotros estamos familiarizados con una frase de T.S. Eliot frecuentemente citada: La última tentación es la traición más grave: realizar la acción correcta por razón equivocada. Esta -sugiere él- es la tentación de la persona buena. ¿Cuál es la tentación?
Tenemos muchas fotografías de Teresa de Lisieux. A su hermana Celine le gustaba usar una cámara y tomó muchas fotos de Teresa, pero hay algo interesante que notar en esas fotos. La carmelita británica Ruth Burrows hizo en una ocasión un estudio de esas fotos y comentó que, en todas ellas, Teresa siempre está de alguna manera sola, para ella misma, aun cuando esté en una foto de grupo.
Existe un dicho atribuido a Atila el Huno, caudillo del siglo V, infame por su crueldad, que reza de este modo: Para que yo sea feliz, no sólo importa tener éxito; importa también que todos los demás fallen. Sospecho que Atila el Huno no fue el autor de ese dicho; pero no importa, eso nos da una lección.
En el musical Los Miserables, hay una canción particularmente obsesionante cantada por una mujer moribunda (Fantine), que ha sido maltratada por casi todas injusticias con que la vida puede golpear a una persona.
Después de que Jesús resucitó de entre los muertos, sus primeras apariciones fueron a mujeres. ¿Por qué? Una razón obvia podría ser que fueron mujeres las que le siguieron hasta su muerte el Viernes Santo, mientras los hombres lo abandonaron masivamente.
La tierra se oscureció dos veces. Una, en la creación original, antes de que Dios crease la luz por primera vez. Pero después hubo una oscuridad aún más profunda, el Viernes Santo, entre la hora sexta y la nona, cuando estábamos crucificando a Dios y mientras Jesús, muriendo en la cruz, exclamaba: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
Todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Estas palabras de Jesús se aplican no sólo a los que están ordenados al ministerio y administran el sacramento de la Reconciliación, sino a todos los que formamos parte del cuerpo de Cristo. Todos tenemos el poder de atar y desatar.