Dios nos creó a su imagen y semejanza, y nosotros nunca hemos cesado de devolver el favor.
Dios nos creó a su imagen y semejanza, y nosotros nunca hemos cesado de devolver el favor.
Desde Abrahán hasta Jesús vemos cómo las grandes figuras de nuestra fe no suelen decir fácilmente: ‘Hágase tu voluntad’.
¿Por qué marcamos aparte cuarenta días cada año para renunciar de forma voluntaria a algunos goces legítimos, a fin de prepararnos para Pascua?
La santidad se alcanza cumpliendo las obligaciones que ineludiblemente se abren ante nosotros cada día.
En todas partes se encuentra la paradoja: A veces las cosas que piensas que te van a hacer feliz acaban entristeciéndote, y a veces lo mismísimo que te parte el corazón de dolor es también lo que lo abre al calor humano y a la gratitud.
¿Qué pasaría si todos nosotros fuéramos más coherentes? ¿Y si todos nosotros fomentáramos lealtades más amplias?
Hay muchas maneras por las que nuestro sistema de fe puede desequilibrarse, de forma que pueda dañar a Dios y a la iglesia. ¿Qué elementos contribuyen a una fe sana, equilibrada, ortodoxa?
Los antropólogos nos dicen que nuestras madres son nuestro enlace simbiótico a la vida. Tienen que informarnos que el universo nos quiere, que somos dignos de amor simplemente por lo que somos, que el amor no tiene que ganarse o merecerse.
Henri Nowen -sacerdote y escritor holandés- fue tal vez el autor espiritual más popular del final del siglo XX y su popularidad perdura todavía hoy. Se han vendido en todo el mundo más de siete millones de sus libros y se han traducido a treinta lenguas.
Los teólogos a veces intentan simplificar el significado de la resurrección comprimiendo su esencia en una sola frase: En la resurrección, Dios reivindicó a Jesús, su vida, su mensaje y a fidelidad. ¿Qué quiere decir esto?
Pascua se refiere a muchas cosas. Celebramos el poder de Dios para vencer a la muerte, al pecado y a la injusticia, pero también celebramos las voces y heridas de los que murieron en Viernes Santo.