Cuando la joven mística francesa, Santa Teresita de Lisieux, intentaba explicar su vocación, se refirió a una vivencia interior que le abrasó el alma y que había recibido como don:
Cuando la joven mística francesa, Santa Teresita de Lisieux, intentaba explicar su vocación, se refirió a una vivencia interior que le abrasó el alma y que había recibido como don:
La esencia del discipulado cristiano reside en revestirnos del corazón de Cristo.
No hemos perdido totalmente la inocencia; el mundo no es un lugar tan malo como parece.
Algunas veces la cautela me achica el corazón. La cautela y la seguridad son también peligrosas.
A veces nos olvidamos de que Jesús nació en un establo, no en una iglesia, y que el Dios de la Encarnación tiene que ver tanto con mesas de cocina como con altares eclesiales. Dios es tan doméstico como monástico.
La calidad de nuestras personas depende de la calidad de nuestra integridad privada.
Todos vivimos con ciertas lamentaciones y con la amarga conciencia de que si tan solo hubiésemos puesto mas atención ó sido pacientes ó valientes ó amorosos en un determinado momento, nuestras vidas pudieran ser ahora muy diferentes.
Hay un adagio que dice que un ateo es simplemente alguien quien no puede comprender la metáfora. Thomas Halik, el escritor Checo, sugiere que más bien un ateo es alguien quien no es suficientemente paciente con Dios.
No es fácil discernir la voz de la verdad entre las muchas voces que nos llaman. De hecho, es difícil incluso discernir cuando somos auténticamente sinceros: ¿Quién soy realmente? ¿Cuál es mi verdadero y genuino interés?
Cada año escribo un articulo sobre suicidio porque mucha gente tiene que vivir con el dolor de perder a un ser querido de esta forma.
Hace ochocientos años, el poeta, Rumí escribió: Lo que quiero es saltar fuera de esta personalidad y después sentarme aparte. He vivido demasiado tiempo en donde puedo estar accesible.