Es común, especialmente entre autores religiosos, describir el corazón humano como chiquito, estrecho y mezquino: “¡Cuidado que somos estrechos de miras y mezquinos!”
Es común, especialmente entre autores religiosos, describir el corazón humano como chiquito, estrecho y mezquino: “¡Cuidado que somos estrechos de miras y mezquinos!”
En un libro sobre predicación titulado “Diciendo la Verdad”, Frederick Buechner reta a todos los predicadores y escritores espirituales a hablar con “tremenda honestidad” sobre la lucha y esfuerzo humanos, aun dentro del contexto de fe.
¿Soy feliz? Mi vida, ¿es una vida feliz? ¿Soy feliz en mi matrimonio? ¿Me siento feliz con mi familia, en mi trabajo, con mi iglesia? ¿Dentro de mi propio pellejo, me siento feliz?
El relato de la Última Cena en el evangelio de Juan nos proporciona una maravillosa imagen mística. El evangelista describe al “discípulo amado” reclinándose sobre el pecho de Jesús.
A punto de cumplir 75 años, el famoso novelista australiano Morris West escribió una serie de ensayos autobiográficos, titulada: “Una Vista Panorámica desde la Cumbre”. En el prólogo de ese libro West indica que a los 75 años necesitas tener solamente una palabra en tu vocabulario espiritual, gratitud…
Dios es “no-violento”. Dios no manda ni recomienda violencia. Nunca nadie debería justificar la violencia en nombre de Dios. Eso está claro en la revelación cristiana.
“De gustibus non est disputandum” -que tiene su doble español en “De gustos no hay nada escrito”- es una famosa frase de san Agustín en la que sugiere que el gusto es algo subjetivo y lo que le atrae a una persona puede ser que no le guste a otra. Bajo ese dosel, me gustaría recomendaros los siguientes libros. De entre los que leí en 2013
Si alguien que nunca hubiera escuchado la historia de Jesús preguntara a cualquiera de nosotros sobre sus orígenes, empezaríamos, sospecho, con el relato de su anunciación y nacimiento y terminaríamos con la narración de su resurrección y ascensión. Mientras esto distrae su atención, este modo no es como los evangelios comienzan y terminan su narración.
Ninguno de nosotros vive cada día de su vida como si ese fuera el último. Nuestros pesares, dolores de cabeza, distracciones y ocupaciones nos llevan invariablemente al sueño. Eso es perdonable; es lo que significa ser humanos.
“La gente está siempre impaciente, pero Dios nunca tiene prisa”. Nikos Kazantzakis escribió estas palabras, que iluminan una importante verdad: Necesitamos ser pacientes, infinitamente pacientes con Dios. Necesitamos permitir a las cosas manifestarse en su propio tiempo, el tiempo de Dios.
Estoy seguro de que cualquiera que sea conocedor de la vida y escritos de Simone Weil convendrá en que era una mujer de excepcional fe. Era también una mujer con un firme compromiso con los pobres. Pero -y esto puede ser anómalo- era también excepcional y firme en cierta resistencia hacia la Iglesia institucional. En el transcurso de su vida, suspiraba por la Eucaristía diaria, aun cuando se resistía a recibir el bautismo y ser miembro de la Iglesia. ¿Por qué?