Existe un viejo refrán que ofrece un sabio consejo: ¡Escoge inteligentemente a tus padres!Es más fácil decirlo que hacerlo; pero el refrán es válido. Nosotros no somos del todo nuestras propias personas.
Existe un viejo refrán que ofrece un sabio consejo: ¡Escoge inteligentemente a tus padres!Es más fácil decirlo que hacerlo; pero el refrán es válido. Nosotros no somos del todo nuestras propias personas.
Naturaleza, deseo, alma: Nosotros raramente los integramos bien; ellos, en cambio, están tan intrincadamente enlazados que la manera como relacionamos a uno afecta profundamente a los otros.
Cuando yo era estudiante en el seminario, tuve dos clases de maestros: Un grupo de ellos, precisamente porque eran fieramente leales a todo lo que es cristiano y católico, nos habrían leído a grandes pensadores laicos, pero siempre intentando ayudar a mostrar dónde estaban equivocados estos pensadores.
¿Por qué no se nos muestra Dios más directa y poderosamente, de modo que haga más fácil la fe? Esa es una buena pregunta, para la cual, en parte, no hay una respuesta totalmente satisfactoria. Pero la respuesta que tenemos radica en entender la manera en la cual Dios se manifiesta en nuestras vidas y en nuestro mundo.
Los relatos bíblicos de la Pasión y Muerte de Jesús centran mucho la atención en su juicio, describiéndolo larga y detalladamente. Y hay una enorme ironía en la manera como está descrito. Jesús es enjuiciado, pero la historia está escrita de tal modo que, en realidad, todos están sometidos a juicio, excepto Jesús.
Hace varios años, Mel Gibson produjo y dirigió una película que gozó de una espectacular popularidad. Titulada “La Pasión de Cristo”, la película representa el itinerario pascual de Jesús desde el huerto de Getsemaní hasta su muerte en el Gólgota, pero con muy fuerte énfasis en su sufrimiento físico.
Un seminarista a quien conozco fue recientemente, un viernes por la tarde, a una fiesta tenida en un local del campus universitario. El grupo estaba compuesto por un gentío de estudiantes universitarios jóvenes, y cuando él fue presentado como seminarista, como alguien que trataba de llegar a ser sacerdote y que había hecho un voto de celibato, la mención de celibato evocó ciertas risitas en el local, alguna burla y chistes sobre lo mucho de lo que él debe prescindir en la vida.
Entre los Diez Mandamientos, uno empieza con la palabra “acuérdate”: Acuérdate de mantener santo el Sábado. Nos recuerda tener en cuenta algo que ya sabes. Hay mandamientos de misericordia escritos en nuestro mismo ADN. Ya los conocemos, pero necesitamos recordarlos más explícitamente. ¿Cuáles son?
¡Antes de que te comprometas en serio con Jesús, considera primero en qué grado vas a dar una buena imagen en el madero (de la cruz)! Daniel Berrigan escribió esas palabras, que expresaron bien quién era él y en qué creía. Murió a la edad de 94 años.
Lo que dejamos de celebrar pronto dejamos de amar. Este año, 2016, registra el 200º aniversario de la fundación de la congregación religiosa a la que yo pertenezco, los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Nosotros tenemos una historia magnífica -200 años ahora- de ministerio dedicado a los pobres por todo el mundo. Esto merece celebrarse.
En un reciente artículo publicado en la revista America, Grant Kapian, expresando su opinión sobre el desafío de la resurrección, hace este comentario: “A diferencia de las anteriores comunidades en las que el vínculo entre los miembros se forja a través de aquellos a quienes excluye y usa como chivos expiatorios, la gratuidad de la resurrección permite una comunidad modelada por perdonados-perdonadores”.