Hay un camino que va de los ojos de Dios a los ojos de los hombres. María es quien lo abre para que él pase a nuestro lado.
Hay un camino que va de los ojos de Dios a los ojos de los hombres. María es quien lo abre para que él pase a nuestro lado.
Había abandonado todos sus títulos para cantar libremente el amanecer de la nueva creación.
María comienza el día de un pueblo pequeño: el fuego, los animales, la casa, los seres queridos…, un espacio del amor se abre a sus manos y ojos.
Dicen que las niñas hablan antes y más que los niños. Es fácil imaginársela calladita, pero…, ¿y si hubiera sido locuaz?
Dicen que las niñas hablan antes y más que los niños. Es fácil imaginársela calladita, pero…, ¿y si hubiera sido locuaz?
Tal al vez ese fue el signo mejor: «veréis a un niño envuelto en pañales», un niño normal con una madre, que también fue niña.
Todo podía ser magnífico. Era una canción alegre, de esas que salen de corrido.
Hay un camino que va de los ojos de Dios a los ojos de los hombres. María es quien lo abre para que él pase a nuestro lado.
Había abandonado todos sus títulos para cantar libremente el amanecer de la nueva creación.
María comienza el día de un pueblo pequeño: el fuego, los animales, la casa, los seres queridos…, un espacio del amor se abre a sus manos y ojos.
Dicen que las niñas hablan antes y más que los niños. Es fácil imaginársela calladita, pero…, ¿y si hubiera sido locuaz?