Para muchos la primera comunión es un negocio. No falta quién la considere un acto social, que se presta al intercambio de regalos.
Para muchos la primera comunión es un negocio. No falta quién la considere un acto social, que se presta al intercambio de regalos.
Los ajedrecistas lo saben muy bien: cuando una pieza se mueve en el tablero, todo él se mueve.
Mi capacidad de comprender no encuentra reposo y me percibo como un niño ante un rompecabezas que no sabe descifrar.
Aunque sea previsible su pérdida, se hace difícil evitar el dolor que causa la ruptura de la pertenencia.
Alguien, bastante cuerdo y observador, pudo decir: un problema es un problema; mil problemas son una estadística.
Vivir en comunidad y hacer comunidad es fuente de alegría y de gozo. Lo malo es cuando esto no se da.
Para que el huésped se sienta cómodo hay que preocuparse de arreglar la casa, adornarla y caldearla.
Para muchos la primera comunión es un negocio. No falta quién la considere un acto social, que se presta al intercambio de regalos.
Los ajedrecistas lo saben muy bien: cuando una pieza se mueve en el tablero, todo él se mueve.
Mi capacidad de comprender no encuentra reposo y me percibo como un niño ante un rompecabezas que no sabe descifrar.
Aunque sea previsible su pérdida, se hace difícil evitar el dolor que causa la ruptura de la pertenencia.