Amar al Señor nuestro Dios con todo el corazón, por encima de cualquier riqueza, fue el programa del Señor.
Amar al Señor nuestro Dios con todo el corazón, por encima de cualquier riqueza, fue el programa del Señor.
Tú eres el Verbo eterno, el Hijo de Dios vivo, la Palabra hecha carne, la plenitud de la revelación.
Lees, reflexionas, escribes. Te unes a quienes cultivan el sueño romántico de suplantar a Dios. Y topas con él.
Señor Jesús, tú eres el Verbo de Dios hecho hombre que habita entre nosotros.
Tal vez sea fácil vivir sin dinero o propiedades. Algo más difícil es entregar nuestro tiempo y nuestras cualidades, nuestro ser.
Abrasado de calor o cubierto de rocío, jamás has abandonado nuestra puerta.
Lo que importa es tu condición de buscadora de Dios a lo largo de toda tu existencia.
Hemos venido para oír tu voz que resuena como un grito silencioso en el corazón de todos los seres.
Te veo como un peregrino avanzando paso a paso hacia el encuentro del Dios vivo.
Dame, Señor, una mirada limpia, capaz de alcanzar tu luz a través de la noche.
Amar al Señor nuestro Dios con todo el corazón, por encima de cualquier riqueza, fue el programa del Señor.