Ven, Espíritu Paráclito, concede hoy a tu Iglesia, reunida en el Cenáculo, con María, la experiencia de Pentecostés.
Ven, Espíritu Paráclito, concede hoy a tu Iglesia, reunida en el Cenáculo, con María, la experiencia de Pentecostés.
Tu Palabra, Señor, es luz, no te alejes de nosotros, que estamos a oscuras.
Lo que importa es tu condición de buscadora de Dios a lo largo de toda tu existencia.
Hemos venido para oír tu voz que resuena como un grito silencioso en el corazón de todos los seres.
Te veo como un peregrino avanzando paso a paso hacia el encuentro del Dios vivo.
Dame, Señor, una mirada limpia, capaz de alcanzar tu luz a través de la noche.
Gracias por ser como eres: pobre, sencilla, entregada, misericordiosa.
Pasado ya un tiempo desde tu muerte, tus reflexiones siguen teniendo la misma frescura que el primer día.
Líbranos, de las interferencias de nuestro egoísmo para que vivamos abiertos interiormente al evangelio de Jesús.
Ven, Espíritu Paráclito, concede hoy a tu Iglesia, reunida en el Cenáculo, con María, la experiencia de Pentecostés.
Tu Palabra, Señor, es luz, no te alejes de nosotros, que estamos a oscuras.