La Liturgia nos llama la atención por si avanza el tiempo y no nos abrimos al mensaje liberador.
La Liturgia nos llama la atención por si avanza el tiempo y no nos abrimos al mensaje liberador.
La promesa se cumple, sólo hace falta estar atentos: ’El que tenga oídos, que escuche’.
María la nueva Eva, la zarza ardiente, la nueva arca de la alianza, la amada de Dios, la mujer fuerte, la mujer de fe….
“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré”.
Déjate perdonar: “Hombre, tus pecados están perdonados”.
Los discípulos reciben del Maestro la misión de hacer lo mismo: “Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios”
En este día, no olvidamos la advocación de la Virgen de los Dolores. Ella es la mujer fuerte. Si Susana, los jóvenes de Babilonia y Jeremías no se arredraron frente a quienes los perseguían, la madre de Jesús acompañará a su Hijo hasta el pie del madero, sabiendo también de quién se ha fiado.
La fiesta de la Solemnidad de la Anunciación y Encarnación que celebramos hoy tiene la mayor importancia dentro del calendario litúrgico, y en la Historia de la Salvación. Merece contemplar el Misterio en el que se funda nuestra fe, no apartar los ojos de la mujer que concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrá por nombre Emmanuel.
Es bueno ir disponiéndonos para los días santos, de modo que la próxima semana no signifique un cambio excesivamente brusco al celebrar de los días de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.
Frente a una situación de pecado, la solución es volver a Dios, elevar los ojos hacia la Cruz, y comprender lo que significa que donde estuvo la razón de muerte y de pecado, se nos ofrece el perdón y la vida.
Entramos en un tiempo recio, se precipitan los acontecimientos. Las imágenes que nos ofrecen las lecturas de la Liturgia de la Palabra de estos días plasman hechos dramáticos en relación con la Pasión de Cristo.