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Una buena muerte

Ron Rolheiser -

En la cultura católica romana dentro de la que crecí, se nos instruía para orar por una buena muerte. Para muchos católicos de aquel tiempo, esta fue una petición estándar dentro de su oración diaria: “Pido una buena muerte”.

Pero ¿Cómo puede alguien tener una buena muerte? ¿No es en sí mismo el proceso de muerte una verdadera locura? ¿Qué decir acerca del dolor implicado en el morir, en el dejar marchar la vida, en el decir nuestros últimos adiós? ¿Puede alguien tener una buena muerte?

Pero la manera de ver esta realidad era, por supuesto, religiosa. Una buena muerte significaba que uno moría en buenas circunstancias morales y religiosas. Significaba que no mueres en una situación moralmente comprometida, que no moriste fuera de la Iglesia, que no moriste con amargura e ira contra tu familia, y finalmente, que no moriste a causa del suicidio, las drogas, el alcohol, o implicado en alguna actividad criminal.

La imagen catequética de una buena muerte, muy a menudo, era una historia anecdótica de alguna persona que creció en una buena familia cristiana, honesta, llena de fe, casta, comprometida con la Iglesia, pero que en algún momento de su vida se había apartado del camino de Dios, de la observancia de los mandamientos, de manera que, en este momento, no pensando demasiado en Dios, ni participando en la Iglesia, hacía una sincera confesión, comulgaba y poco después fallecía a causa de una ataque al corazón o por un accidente. Pero la Gracia hacía su trabajo: después de años de deriva moral y religiosa, había vuelto al redil y moría con una buena muerte.

En efecto, todos nosotros conocemos historias que encajan con esta descripción; pero tristemente, también conocemos historias donde este no es el caso, donde ocurre lo opuesto, donde buena gente muere en el infortunio, tristeza y situaciones trágicas. Todos hemos perdido seres queridos por suicidio, alcoholismo, y otras maneras de morir que distan mucho del ideal. También conocemos personas, buena gente, que han muerto de situaciones moralmente comprometidas o quienes mueren en la amargura, sin dejar sus corazones ablandados por el perdón. ¿Tuvieron todos ellos una mala muerte?

Admitamos que murieron de manera desafortunada, pero si fue una buena o mala muerte no se juzga por el donde la muerte nos agarra, si era un momento bueno o malo. Hay personas que encajan en la imagen de una buena muerte, tal y como las describíamos previamente, donde la muerte les agarra en un momento bueno, hay otros cuya vida ha estado marcada por la honestidad, la bondad, y el amor, pero que tuvieron el infortunio de ser agarrados por la muerte en un momento de ira, debilidad, depresión, o quienes muriendo a causa de una adicción o por el suicidio. La muerte los agarró en un mal momento. ¿Tuvieron una mala muerte? ¿Quién puede juzgarlo?

¿Qué es una buena muerte? Me gusta la descripción de Ruth Burrows: Burrows, una monja carmelita, comparte la historia de una novicia con quien vivió. Esta hermana, nos dice Burrows, tenía un buen corazón, pero era una mujer débil. Había entrado en un convento contemplativo para orar, pero nunca pudo juntar la disciplina necesaria para dicha tarea. Y así vivió durante años en este estado: buen corazón pero mediocre. Al final de su vida se le diagnosticó une enfermedad terminal que la asustó lo necesario de manera que comenzó a hacer nuevos esfuerzos para convertirse en lo que supuestamente tendría que haber sido toda su vida, una mujer de oración. Pero después de medio siglo de malos hábitos, éstos no se cambian con facilidad. A pesar de los nuevos propósitos, la mujer nunca tuvo éxito en cambiar radicalmente su vida. Murió en la debilidad. Pero Burrows afirma, que murió de una buena muerte. Murió como una persona débil y pidiendo el perdón de Dios por una vida de debilidad.

Morir de una buena muerte, es morir con honestidad, sin considerar si las particulares circunstancias de nuestra muerte parecen propias de una buena religiosidad o no. Morir en las circunstancias correctas es, por supuesto, una maravillosa consolación para nuestras familias y seres queridos, lo mismo que morir en circunstancias tristes pueden romper su corazón.  Pero incluso muriendo en circunstancia que no parecen buenas, humanamente o religiosamente, esto no define necesariamente si fue una mala muerte. Morimos en una buena muerte cuando morimos en honestidad, sin consideración de la circunstancia o la debilidad concreta.

Y esta verdad ofrece una nueva oportunidad: las circunstancias de la muerte de alguien, cuando esas circunstancias, sean tristes o trágicas, no debería ser el prisma a través del cual vemos toda la vida de dicha persona. Lo que esto significa es que si alguien muere en una situación moralmente comprometida, en un momento o en una época de debilidad, lejos de su iglesia, en amargura, por suicidio, o por una adicción, la bondad y esencia de dicha vida no deberían juzgarse por las circunstancias de su muerte. La muerte agarra a esa persona en un mal momento, lo cual puede hacer que el funeral sea más reservado, pero no sirve para un juicio verdadero sobre la bondad de su corazón.

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icono comentarios 4 comentarios

Comentarios

julioperezcura julioperezcura
el 30/8/16
No somos nadie para juzgar si alguien tuvo o no tuvo una buena muerte, solo Dios y el que se muere (llega a su presencia) sabe si la tuvo....Nos toca solo estar preparados, con los ojos espirituales abiertos, para cuando llegue nuestra ora de irnos de este mundo tengamos una buena muerte....El cielo esta lleno de pecadores arrepentidos y el infierno de personas "buenas" que no creyeron haber pecado.
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julioperezcura julioperezcura
el 30/8/16
No somos nadie para juzgar si alguien tuvo o no tuvo una buena muerte, solo Dios y el que se muere (llega a su presencia) sabe si la tuvo....Nos toca solo estar preparados, con los ojos espirituales abiertos, para cuando llegue nuestra ora de irnos de este mundo tengamos una buena muerte....El cielo esta lleno de pecadores arrepentidos y el infierno de personas "buenas" que no creyeron haber pecado.
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Martha Martha
el 27/8/16
Confieso que siempre tuve una equivocada idea de
lo que era tener una mala o Buena muerte. No con -
cebia que alguien que hubiera vivido una vida tran-
quilamente, observando las buenas costumbres,
tanto civiles como morales pudiera tener en un mo-
mento de debilidad una mala muerte. Erroneamen-
te pensaba que una "mala muerte" significaba te -
ner dolores horribles en una larga agonia y "Buena
muerte" morir rapidamente, por ejemplo ,un infarto
masivo, que dura segundos; no pense en la tranqui-
lidad de una vida llena de amor y comprension, con-
fianza , caridad , gratitud ........ despues de leido es-
te comentario y tambien la oracion al "Cristo de la
Buena Muerte" me di cuenta de mi error. Tanto en
el escrito como en la oracion en ningun momento
se menciona una muerte ... » ver comentario
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eleazar eleazar
el 23/8/16
¿quién decide si una persona ha muerto dignamente?¿quién no muere dignamente?¿ha quién el Señor no perdona?¿ Lo sabemos!Ni uno mismo sabe si el Señor lo considera digno. Ha veces un moribundo se preocupa tan hondamente por hechos vividos que nos parecen triviales. Para mi, aparte del aspecto humano sobre cómo acontece el acto de morir, el dolor, la soledad, . . ., una muerte es buena si es en el Señor. Creo que nosotros solo debemos preocuparnos por no impedir, facilitar, al Señor que nos salve. Hablar de una buena muerte de otra persona, como mínimo es solo una mal sana curiosidad, y más cuando usamos este discernimiento que no poseemos para hacer daño, a veces por costumbre, a sus allegados. Ven Señor.
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