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Un cuerpo iniciático

Nicolás Caballero, cmf. (Iris de Paz) -

¡Comienza por tu cuerpo! ¡Buen consejo...!, aunque entiendo que puede ser el colmo para personas que viven ‘desencarnadas’. Cambiar el modelo de nuestro pensar el cuerpo puede ser oportuno; puede facilitar una inteligente pedagogía de recuperación. Dios nos quiere enteros, en cuerpo y alma (1 Ts 5,23; GS 3).

A partir de esta necesaria integración, el cuerpo puede ser iniciático, en el sentido tradicional de la palabra: el cuerpo puede ser el ‘primer’ lugar donde, de alguna manera ‘sintamos’ la salvación, sintamos que ‘tocamos’ el misterio que la cabeza no entiende. De alguna manera, un cuerpo ‘iniciático’ nos permite ‘tocar’ el misterio, que poco a poco modifica hasta nuestra médula, huesos, nervios y músculos; y también permite reflejar ese misterio en modos corporales entendíbles para muchos... Modos que, de alguna manera, reflejan las bienaventuranzas...

Frente a esta sublime vocación de nuestro cuerpo, hay cuerpos apagados... ¡No evangelizados! Reflejan miedo, violencia, actitudes defensivas... Convertirse no es sólo una realidad del alma; también del cuerpo y bien lo refleja la parábola del fariseo y el publicano; erguido, uno; inclinado y sin fuerza para sostener la mirada, el otro... ¿Se entiende...? Y es una metáfora de cómo vamos por la vida: con la violencia de quien la combate o soporta o con la sabiduría de quien la acepta -manso de corazón- como oportunidad de parecerse a su Maestro...

“La atención se [tiene que dirigir] a la percepción del cuerpo, dado que el cuerpo es nuestra ancla en el aquí y ahora. No podemos sentir lo que ocurrió ayer o lo que pasará mañana. El cuerpo vive solamente en el presente”.

Estar presente es función exclusiva del despernar interior. Se está presente cuando se está despierto. Un cuerpo para la presencia equivale a lo que la cera y la mecha para la llama. El cuerpo educado, facilita una mejor actitud, un modelo mental y emocional más simplificado, menos conflictivo, más acorde con los requisitos previos para ser uno mismo y para la oración progresivamente más honda. El cuerpo muestra al alma, la conciencia y su nivel de despertar y de libertad frente a la mente.

‘Comenzar por el cuerpo’ es normal en corrientes espirituales de otras culturas. ¿Y por qué no?


Artículo extraído de la revista "Iris de Paz"

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